jueves, 14 de febrero de 2008

FIESTA

  • A toda mi familia: "los visibles y los invisibles"



... “Si la cultura en la que vive una mujer ataca la función creativa de sus miembros, si parte por la mitad o destroza algún arquetipo o pervierte su próposito o su significado, todo ello se incorporará en estado destrozado en la psique de sus miembros, como una fuerza con el ala rota y no como una fuerza sana, rebosante de vitalidad y de posibilidades”...

Clarissa Pinkola Estés


Algunas veces somos tan pequeños

que sobran casi todas las astucias.

Nos vamos a volver un día puertas

y tiene que pasar toda la vida.

(popular)


.../sortilegio de semejanza

/sortilegio como el rocío

/sortilegio de la esperanza

/sortilegio para mi río.

Silvio Rodríguez


II

1

¡Riiiinn !, sonó el timbre.

-¿Quién es ?, preguntó Primero.

-Nosotros, respondió alguien del otro lado de la puerta.

-Nosotros somos nosotros dos, replicó Primero.

-Si ustedes son nosotros y son dos, y nosotros somos nosotros y somos tres, ganamos, dijo el Peque. Y comenzó a hacer ruido con una corneta.

-Está bien, ganaron, concluyó la prima. ¿Y entonces ?

-Entonces abran la puerta, respondió Lulia impaciente.

-¡Contraseña !, pidió Primero.

-¡No tenemos !, exclamó el Peque.

-Son ellos, Primero, abre la puerta, dijo la prima.

-Si son ellos ya saben que la puerta está abierta, ¿no recuerdas ?

-¡Recordaaamoooss ! ¡Caracachún chun chun ! ¡Caracachún chun chan ! ¡Acá estamos los tres !, exclamaron. Y entraron armando alboroto, Lulia, Pato, y el Peque con la corneta.

-¡Buenísimo ! saludó la prima contenta con el alboroto.

Intercambiaron abrazos, terminaron de aprontar la merienda y se fueron derechito al jardín del fondo. Desparramaron hojas y lapiceras sobre una mesa de piedra, y se sentaron sobre almohadones de colores que habían pintado en el suelo el verano anterior.

-Verde o amarillo, verde o amarillo, verde o amarillo, repetía el Peque, mirando el suelo sin decidir en cual de los dos sentarse.

-Verde, dijo la prima, apurándolo a decidirse.

El Peque se sentó :

-Resulta que me imaginé que era director de cine. Cuando estaba a punto de empezar con la película me di cuenta de que no tenía el guión. Entonces se me ocurrió que lo mejor era escribirlo con ustedes.

-Juajuajuá, rió la prima, divertida con la coincidencia.

-¿De que te ríes, prima ? preguntó Pato.

-De la coincidencia, respondió Primero, aprontando la lapicera. Es que nosotros inventamos un cuento en el que el Peque soñaba que se metía en una película.

-¿Queeeé ? ¡No entiendo nada ! protestó Lulia.

-Entonces se los contaré mejor, agregó Primero.

¡Riiinn ! sonó el timbre. El primo fue a ver quien era y volvió con algo en los brazos, cubierto por un suave paño rosado.

-¿Qué traes ? preguntó Lulia.

-Un bebé.

-Es la beba Ter., la hija de los vecinos, dijo la prima. ¿Te la prestaron, primo ?

-Sí, un rato para que tome aire, respondió Primero, poniendo a la beba en un cochecito que había alcanzado Pato. Continuemos con el cuento, resulta que...

-Resulta que, interrumpió la prima, tendremos que contarles más del cuento, si no no van a entender lo de la película.

-Les podemos hacer un pequeño resumen, y si les gusta, juntamos el cuento del Peque con el nuestro y hacemos otro entre todos.

-En esas estamos, dijo Lulia, llenando las tazas con chocolate.

-En esas, agregó Primero, mirando las tazas con chocolate.

-Resulta que, comenzó la prima, había una vez un cercano, lejano país...

-Espera prima, ¿cercano o lejano ?, preguntó Pato revolviendo el chocolate.

-Juajuajuá, rió la prima. Deja que siga contando y ya te darás cuenta.

2

-Había una vez un cercano, lejano, país, en el que vivían cien personas, el país se llamaba Globs, jugaban al Juego de globs, los globs eran bolitas de diferentes colores, y andaban todos detrás de los globs. A los habitantes les llamamos globsianos, agregó la prima, y se cansó de contar.

-Yo sigo, dijo Primero, levantando la ceja. Así como lo cuentas parece muy aburrido y el cuento estuvo bueno.

-¿De qué se trataba el juego ? preguntó Lulia.

-Había una caja de tareas y el que tenía suerte se conseguía una. A medida que iba desarrollando la tarea que había conseguido, obtenía globs a cambio, pelotitas de colores.

Los globs se cambiaban por ropa, comida, casas, sillones, visitas al doctor, y cualquier otra cosa que necesitaran.

-¿Y de qué se trataba el juego ? insistió Lulia.

-No te apures, Lulia, no fue fácil para nosotros entender de que se trataba el juego. Lo que nos llamó la atención apenas llegamos a Globs fue que estaba lleno de carteles que invitaban a ‘La Gran Fiesta de Globs’ como si todo el país estuviera de fiesta.

-¡Un gran cumpleaños ! exclamó Lulia.

-Ya ves primo, yo te dije que parecía un cumpleaños, recordó la prima.

-Parecía pero no era, continuó Primero. Fiesta se le llama al modo de vivir en Globs.

-¿Y está buena la fiesta ? preguntó el Peque agregando un chun chun chun con la corneta.

-Buena, buena, buena..., repetía la prima. ¡Depende !

-¿De qué depende ? preguntó Pato, esperando más detalles.

-De que termine de explicar de que se trataba el juego depende que podamos empezar con el de hoy, dijo Primero. Mejor seguir. ¿Por dónde iba, prima ?

-Me olvidé, no te preocupes, yo sigo. Era complicadísimo entender el Juego de Globs y todo en Globs se complicaba. Ufa. Por suerte nos encontramos con Francisco, que era un señor que hablaba con los pájaros y con los árboles, y juntaba miguitas y restos de comida de las calles porque no había conseguido tarea y por lo tanto no tenía globs. Como no tenía globs no podía obtener casa buena, ni ropa buena, ni comida buena, ni nada. Conseguía algo de comida en una huerta pero la repartía con los que estaban como él, entonces tenía que salir a buscar restos y miguitas por las calles.

-¡Basta ! exclamó el Peque. ¡Hubieran avisado que era un cuento de terror !

-¡Espera, Peque !, dijo la prima, llenándole la taza con chocolate para que se tranquilizara un

poco. ¿Porqué no te gustan los cuentos de terror ?

-Algunos me gustan, es cierto, pero quise decir otra cosa.

-Sí, me imagino, continuó la prima. El asunto es que Francisco tenía dos perros hermosísimos, una pareja, Tinta y Andando. Y tuvieron cinco cachorros. Eso estuvo buenísimo.

-Mejor aun fue lo de Cazador, agregó Primero. Cazador era un gato pelirrojo que nos traía acertijos no sabemos de dónde, y nos ayudó a salir de tremendo lío.

-¿Qué lío ? preguntó Pato, esperando más detalles.

-No, eso no lo vamos a contar, respondió el primo, si no no empezaremos con el cuento de hoy. Mejor seguir.

-Sí, sí, había, por ejemplo, un equipo de baile : el Equipo de Baile de Globs, con Caril a la cabeza, agregó la prima.

-Efectivamente, dijo Primero, rascándose la cabeza y haciéndole morisquetas. Caril era la profesora de baile.

-¿Entonces ? preguntó Lulia impaciente.

-Entonces la mitad de los habitantes de Globs casi no podían comer o comían muy mal. Eran 100 personas en total y 70 no sabían leer. Muchos estaban muy enfermos y no podían curarse porque les faltaban globs para cambiar por visitas al doctor, remedios, y esas cosas, respondió la prima un poco mareada.

-Extraña fiesta, comentó Pato, sin esperar más detalles.

-Extrañísima, confirmó la prima.

-Francisco, continuó Primero, nos consiguió una película que mostraba muy bien el Juego de Globs. Y más o menos entendimos.

-Menos mal..., suspiró Lulia.

-¡Al fin la película ! exclamó el Peque aprontando la corneta.

-Espera, Primero, voy a buscar más chocolate, dijo Pato.

-Mjnñií, susurró la beba Ter..

Fueron a verla. Estaba despierta. Lamentaron no poder convidarla con la merienda debido a su corta edad. De todos modos no parecía tener hambre. Se les ocurrió que lo mejor sería cantarle una canción. Entonces le cantaron. Suavecito.

3

-Y más o menos entendimos, dijo Primero. El juego no había empezado tan mal pero luego se había complicado, tanto que ni Francisco podía explicarlo.

-Por eso trajo la película, agregó la prima.

-Vamos, vamos con la película, prima, solicitó el Peque un poco ansioso.

-Está bien, respondió ella. Y anotó en una hoja : estudiante de cine producciones presenta :‘la gran fiesta’. Así empezaba. Entramos.

-Estamos bien aquí, prima, protestó Pato. Además la beba Ter. vino a tomar aire.

-Que entramos a la película, Pato.

-Chun chun chun chun caracachún, eso si que está bueno, dijo el Peque. ¿Y entonces ?

-Entonces nos metimos en un salón lleno de gente, con una mesa larga y una gran torta como de merengue, con frutilla y todo. Y una gran bolsa colgante, llena de globs, que parecía una piñata, respondió el primo. Y la caja de tareas, los repartidores de tareas, y...

-¿Y de qué se trataba el juego ? interrumpió Lulia.

-Creo que vas a tener que leer el cuento, dijo Primero, buscando hojas en la mochila.

-No, no, no, pidió la prima. Así no empezaremos más. Como todos los juegos, el Juego de Globs tenía sus reglas. Cuando llegamos ya estaban todas inventadas. Los repartidores de tareas recibían globs a cambio de desarrollar la tarea de repartidor, y además recibían globs de quienes les solicitaban una tarea, que eran todos. Los globs los cambiaban por porciones de torta.

-Otros, continuó Primero, obtenían cierto número de globs de acuerdo a la tarea que habían conseguido y también cambiaban globs por porciones de torta. Algunos se habían quedado sin tarea, y no conseguían globs, ni porciones, ni nada.

-¿Y de qué se trataba el juego ?, insistió Lulia.

-Ay Luíta por favor, le dijo Pato. ¿Prefieres que juguemos a otra cosa ?

-No, respondió ella. Y se fue a mirar como dormía la beba Ter..

-¿Cómo duerme ? preguntó la prima.

-Preciosa.

-Para ir terminando, dijo Primero, en la Gran Fiesta de Globs no se podía ni caminar, los que habían conseguido muchos globs guardaban muchísimas porciones de torta, muchísimas más de las que podrían comer en muchísimos años.

-Otros tenían algunas, otros una, otros media, y había muchos que buscaban restos y miguitas en el suelo.

-¿Y entonces ? preguntó Lulia que había vuelto al almohadón.

-Entonces muchas cosas, continuó la prima. A la Fiesta de Globs que mostraba la película,

y al modo de vivir en Globs, le llamamos juntadera.

-¿Queé ?

-Juntadera. A Tinta, la perrita de Francisco, le dio por empezar con el asunto del parto, así que nos fuimos de la película para buscarle un lugar tranquilo. Luego nos robaron el cuento y tuvimos que recuperarlo. No fue fácil.

-¿Cómo que les robaron el cuento ? preguntó Pato, confundido.

-Sí, Pato, así como te lo digo, pero no entraremos en detalles. Mientras tanto inventamos una regla nueva y distinta para el cuento, y como era de madera la plantamos. Quedó como semilla del primer árbol original de Globs contra la juntadera.

-Eso me gusta, dijo Lulia.

-Una tarde volvimos muy cansados y nos fuimos a dormir. Apenas despiertos, nos sentamos a contarnos los sueños. Habíamos soñado que recuperábamos el cuento.

-Todos menos tú, dijo Primero al Peque, tú soñaste que entrabas en la película. Decías algo parecido a esto : “Soñé que entrábamos en la película, yo iba vestido de mago, con la ropa de los magos de los cuentos, Luna (así se llamaba Lulia) iba vestida de Luna verdadera, era hermoso ver como brillaba, Pato lucía un traje serio de colores calmos, la prima un bonito vestido rosado del siglo pasado y Primero un gorro con pompón.

-¡Qué bonitos estaríamos ! dijo el Peque.

-¡Más que bonitos !, respondió la prima. ¿Quieres que te lo dibuje ?

La prima dibujó la escena y le puso colores. Cuando terminó pasó la hoja. Uno por uno la miraron y se fueron entusiasmando. Tan entusiasmado estaba el Peque que les propuso meterse dentro del dibujo.

-¿Qué hacemos con la beba Ter. ? preguntó la prima.

-Mjnñií, susurró la beba.

-Dice que viene con nosotros, aclaró Primero, levantando la ceja.

-¡Un momento ! exclamó el Peque. No olvidemos que lo mío era hacer una película.

-Cierto, dijo la prima. ¿Y entonces ?

-Entonces, por favor, agrega en el dibujo una cámara de vídeo y cuélgamela del hombro.

-¡Hecho !

Decidieron que meterse dentro del dibujo iba a ser fácil y entonces fue muy fácil.

¡Slutz ! y estaban en el dibujo.

4

Atravesaron el dibujo y cayeron en medio de La Fiesta. La fiesta era flor de lío.

¡Qué griterío !

¡No conseguí tarea y no tengo ni un globs ! gritaba uno. ¡No me alcanzan los globs ni para media porción ! gritaba otro. ¡Orden Orden ! gritaba un señor con ropa como de bombero. ¡Tengo sólo media porción ! gritaba una señora mientras golpeaba la mesa. ¡Tengo hambre ! gritaba un anciano con cara de cansado. ¡Salgan de acá por favor ! gritaba alguien intentando cruzar un entrevero de niños que juntaban miguitas contra el piso. ¡No me toque la bandeja, señorita ! gritaba un señor sentado en una silla, bajo la que guardaba una enorme bandeja con una montaña de porciones de torta.

-Llegamos, dijo la prima. Esta es la Fiesta de Globs.

-Sí, continuó Luna, ya lo recuerdo todo.

-¡Pero que lindo brillas, Lunulia ! dijo la prima.

-...brillas, Lunulia ! escribió Primero, que era el encargado de anotar lo que pasaba.

El Peque filmaba todo : la torta, el griterío, las bandejas repletas de porciones guardadas debajo de las sillas, los rostros y los gestos, de lejos y de cerca, de arriba, de abajo, y de costado. Estaba tan entusiasmado que ni siquiera se había dado cuenta de que iba vestido con equipo completo de mago.

-Pequeño Mago, le dijo Pato, no se si has visto que tienes varita mágica. ¿Qué quieres hacer con ella ?

-¡Magia, Pao ! ¿Me sostienes la cámara ?

Pao continuó con la filmación mientras el Mago investigaba la varita. Primero tomaba nota.

-Abracadabra, Maguito, creo que corresponde que digas Abracadabra, sugirió la prima.

-Abracadabrás, dijo él, y saltaron chispas de la varita.

-¡Aaayy ! gritó la prima. ¿Qué haces ?

Las miguitas del suelo se levantaron como arrastradas por un viento fuerte, las medias porciones de torta se reunieron con su mitad correspondiente, las porciones enteras volaron por el aire en dirección a la mesa larga, las que estaban guardadas bajo las sillas se escaparon de las bandejas armando remolinos de estilos diferentes.

-¿Qué haces, Maguito ? insistió la prima.

-Parece que estoy haciendo magia, todo empezó con las chispas de la varita...

Pao filmaba. Primero anotaba. Las porciones de torta volaban. Los habitantes se reunían alrededor de la mesa con los ojos enormes por la sorpresa, y Luna resplandecía.

-¡La torta se recompuso !, exclamó la prima.

-¿Qué dices ? preguntó Primero, interrumpiendo la escritura y mirando la torta.

-Y sí. Está completa. Nuevita, como recién traída de la confitería.

-¡Abracadabrás ! exclamó Pequeño Mago.

Nuevamente saltaron chispas de la varita. De pronto apareció una vela ancha, preciosa, color miel, y se posó sobre la torta.

-Mjnñií, susurró la beba Ter. en brazos de la prima. La vela se encendió.

¡Clap clap clap ! ¡Clap clapclap clapclap ! aplaudían los habitantes, felicísimos.

¡Buenísimo ! ¡Espectacular !

-Te felicito, Mago, dijo Primero. Ni que fueras repostero. ¿Le pusiste frutillas ?

-Están todas las que estaban. ¿Quieres más ?

-Así está bien, respondió el primo. Y siguió anotando.

-¡Aayy ! ¿Y ahoora que haaces, Maguito?, gritó la prima. ¡El piso se mueve !

El piso temblaba, las lámparas colgantes se movían de un lado a otro y los muebles hacían tacataca contra el suelo como si fueran tambores. Entonces se apagó la luz. Al mismo tiempo un estruendo impresionante los dejó mudos a todos.

-Hemos quedado mudos, dijo Pao.

-Estás hablando, le dijo Luna.

-Tienes razón, agregó Pao, y continuó filmando con la cámara mágica, un poco asustado.

-Primero dime por favor que es esto, pidió la prima, un poco asustada.

-No tengo idea, respondió el primo, un poco asustado y bastante incómodo por seguir escribiendo en pleno apagón.

Los habitantes temblaban con el temblor del suelo pero no se les movía ni un pelo. Seguían de lo más entusiasmados con la torta nueva e intentaron cantar una canción. Comenzaron entonando el “Que los cumplas feliz” pero se arrepintieron al darse cuenta de que no estaban de cumpleaños.

¡BRODROBMBORRUBMD, TRONDORRORM, DRODROMM, BROOM, BRAHARM !

-¡Basta !, dijo la prima, Mago o Primero, quien sea que hace esto por favor que lo explique.

-Es el estruendo, el mismo de hace un rato, respondió el primo, temblando con el temblor del suelo.

Pao filmaba, Luna lo ayudaba, y los habitantes comenzaron a soplar. No habían encontrado la canción apropiada pero igual soplarían la vela. Estaban decididos y totalmente indiferentes a los ruidos, el apagón y los extraños movimientos del piso y de los muebles.

Soplaron y soplaron y soplaron, al mismo tiempo y con tanta fuerza que levantaron un viento impresionante. La vela se apagó y a Primero se le voló la gorra con pompón.

¡Clap clap clap ! ¡Clap clapclap clapclap ! aplaudieron los habitantes.

-¡Mi gorra ! gritó Primero y la vio justito salir volando por la ventana. Corrió tras la gorra y se cayó tres veces, por la falta de luz, el movimiento del suelo y el susto que tenía. Afortunadamente la tercera vez cayó encima de la gorra. Se la puso con tanta fuerza que le tapó hasta la nariz.

-¡Priiima ! ¡La gorra también es mágica !

La prima corrió a verlo. Lo encontró con la gorra hasta la nariz pero sonriente.

-Será mágica pero la tienes muy mal puesta. ¿Porqué no te la arreglas ?

-Por eso mismo. Porque es mágica y a través de ella puedo ver todo Globs, clarito y a la distancia.

-¡Dime entonces por favor que es lo que pasa !

-Todo Globs está a oscuras, los árboles se agitan y tiemblan los caminos. Los habitantes salieron de sus casas y se dirigen a la zona Del Parque.

-¡Pero qué horror ! ¿Y qué es lo que ocurre en la zona Del Parque ?

-Ocurre, ocurre, ocurre...

-Vamos, dilo de una vez, ¿qué es lo que...

-¡Un terremoto ! exclamó Primero. Esto es un terremoto y su centro está en la zona Del Parque.

Entraron y relataron a sus amigos lo que ocurría en Globs. Los habitantes estaban muertos de la risa, repartiéndose porciones de torta en la oscuridad y cantando todo tipo de canciones, indiferentes al terremoto.

-¿No se habrán dado cuenta ? preguntó Luna.

-Sí, pero parece que no les importa, por lo menos por ahora, respondió Pao, mientras le pasaba la cámara a Pequeño Mago. ¿Qué hacemos ?

-Nos vamos, dijo Primero, sacando velas de la mochila.

Repartió las velas entre sus compañeros. A Luna no le dio porque no necesitaba :

le alcanzaba con el brillo de su vestido. Se abrieron paso entre los habitantes para tomar fuego de la ancha vela de la torta, que había vuelto a encenderse.

¡ Clap clap clap ! ¡Requeteclap ! ¡Buenísimo Buenísimo Bienvenidos !, exclamaban todos,

al paso de los niños.

-Muchas gracias, dijo Primero, ¿cómo están, tanto tiempo ? Nosotros los conocimos un día que...

-¡Estamos encantados ! ¡EN CAN TA DOS !, interrumpió un anciano con cara de contento.

-¡Encantadísssssimos !, agregaron riendo unos niños, junto al señor con ropa como de bombero.

-Cómo por arte de magia..., pensó el Mago en voz alta haciendo girar la varita pero sin soltar la cámara.

No se despidieron para no interrumpirles el jolgorio. Salieron uno detrás de otro con las velitas encendidas. Luna iba adelante porque tenía brillo de largo alcance.

-Mjnñií, susurró la beba Ter., y otra vez se oyó el estruendo.

La tierra de Globs continuaba temblando y los niños emprendieron la marcha, caminando

y cantando, en dirección a la zona Del Parque, el centro del terremoto.

5

Caminando y cantando llegaron a la zona Del Parque. Estaba lleno de gente.

El temblor era casi constante aunque menos intenso y la luz no había vuelto. Los habitantes sostenían velas encendidas, igual que los niños.

-¡Chizt ! dijo una señora.

Los niños dejaron de cantar.

-Buenas noches, señora, ¿podría usted decirme a que se debe esta reunión ?, preguntó Pao,

muy correcto como siempre.

-Mejor pregunta por el terremoto, sugirió Luna en voz bajita.

-Nos interesa también el terremoto, agregó Pao.

-Sí, claro, vinimos todos por lo mismo. Ocurrió algo inesperado, nunca visto en Globs.

Ha nacido un árbol.

-Juajuajuá, rió la prima.

-Prima, no te rías por favor, le solicitó Pao en voz bajita.

-Juaj..., es que nunca me hubiera imaginado una multitud con velas encendidas, en medio de un terremoto, acompañando el nacimiento de un árbol. Pero tienes razón, Pao, evitaré reírme mientras esto no se aclare.

-Juajuá, juajuá, juajuá, rió la señora. De ningún modo, jovencita, puede usted reírse cuanto quiera. Me encanta que los niños se rían, me encantan las reuniones en el parque, y me encanta el terremoto.

-...encanta el terremoto, terminó de anotar Primero, que no abandonaba la escritura. Disculpe usted, señora, pero yo no veo nada que no haya visto antes. Globs está lleno

de árboles. Lo raro es que le encante el terremoto, aunque...

-Están encantados, primo, interrumpió Pequeño Mago. También lo estaban los del salón, que continuaron con el jolgorio indiferentes a los temblores del suelo, ¿no recuerdas ?

-Es cierto, respondió Primero, rascándose la cabeza.

-Es cierto, dijo la señora, Globs está lleno de árboles. Pero este ha nacido recién, junto con el terremoto, y ya es un árbol adulto. Han aparecido las ramas y parte del tronco, ahora esperamos que termine de nacer y que se le estabilicen las raíces. Es probable que entonces finalicen los temblores.

-¡Esto esta buenísimo !, exclamó Pequeño Mago. ¡Permiso permiso necesito pasar ! ! ! solicitaba, intentando abrirse paso entre la multitud.

-No va a poder, jovencito, dijo la señora muy amable acomodándose un collar azul.

-Es que estoy haciendo una película, y esta escena no puede perderse, imagínese usted.

-Me imagino, me imagino, continuó la señora, pero no lo van a dejar pasar. Estamos todos encantados y nadie se mueve de su lugar. Esperamos una explicación.

-¿Y quien se las va a dar ?, preguntó la prima, interesada en el asunto.

-Un maestro nuevo.

-¿Nuevo en esta zona de Globs ?

-Nuevo completamente, jovencita. Hace una hora que es maestro.

-¡Caramba, también ha nacido un maestro !, exclamó Pequeño Mago, acompañándose con un chan chan de corneta.

-¡Chizt !, insistió la señora. Este es un silencio emocionado y lleno de encanto.

-Clarito que sí, confirmó la prima, que había notado la emoción del ambiente. ¿Y cuándo llega el maestro nuevo ?

-Ya está aquí. Junto al árbol. Armando un pizarrón gigante y amplificación para que todos podamos oír.

-“hola hola un dos tres” “probando un dos tres” “hola hola un dos tres”

-Me parece que va a empezar explicando los números, dijo la prima.

-...los números, terminó de anotar Primero. Creo que no. Está probando la amplificación. Quiere saber si todos oímos.

-¡Oímos !, gritó la prima.

-¡Guaaaáu !, respondió un perro.

-¡Andando !, lo llamó el maestro.

-¡Fraaanciiiiiiisco !, alcanzaron a decir los niños, antes de salir corriendo a buscarlo, atravesando la multitud, locos de contentos y sin pedir permiso.

6

Era el mismo Francisco de siempre, sólo que con el encantamiento general de Globs se

había vuelto maestro. Se alegró mucho de volver a ver a los niños. Ellos lo pusieron rápidamente al tanto de lo que estaban haciendo : otro cuento y la película, y Francisco los invitó a quedarse junto a él mientras explicaba para todos el nacimiento del árbol nuevo, su historia y sus características.

Esperó hasta que terminaron de estabilizarse las raíces. En cuanto el árbol nuevo quedó firme, cesaron los temblores del suelo. Las luces del parque se encendieron y los habitantes lo lamentaron profundamente, puesto que para un momento tan íntimo e inesperado preferían la luz delicada y amarillita de las velas.

Fue un lamento tan encantador que consiguió apagar las luces que molestaban.

El parque estaba hermosísimo.

-Niñas y niños, hombres y mujeres de Globs, comenzó Francisco. Ha nacido un árbol nuevo.

Clap clap clap, aplaudieron algunos habitantes. Otros se abrazaban, se felicitaban, se convidaban con caramelos. La señora de collar azul, encantada y todo, pidió silencio.

Estaba a punto de comenzar un curso de guardaparques y consideró que lo mejor sería empezarlo esa misma noche, aprendiendo la historia del árbol nuevo.

-Niñas y niños, hombres y mujeres de Globs, reiteró Francisco. Hubo una vez unos niños que escribieron en la superficie de una tabla una regla nueva para el Juego de Globs.

Como era de madera la plantaron, la hundieron en la tierra. Y con agua de lluvia la regaron. Puesto que eran tan originales, el texto y la semilla, no me extraña para nada que hoy presenciemos el nacimiento de un árbol adulto, que surge de repente entre temblores, y al que no puedo darle nombre.

-Inténtelo maestro, esta es la primera clase de mi curso de guardaparques y desearía que fuera lo más completa posible, solicitó la señora de collar azul.

-El tronco y las raíces son muy parecidas a las del ombú, explicó Pao. Y lo anotó en el pizarrón.

-Las ramas son muy delgadas y no corresponden a las ramas de un ombú, le aclaró Primero.

-Tiene pequeñas florecitas, delicadas y muy bellas, que alguna vez he visto..., pensó la prima en voz alta.

-Mjnñií, susurró la beba Ter.. Y el árbol se llenó de frutos.

-Queridos habitantes, retomó Francisco, a este fruto rojo y redondo, de piel suave y dulce aroma, jugoso y tierno, muy apreciado en leyendas, purés, jaleas y al natural, lo reconozco perfectamente. Es una manzana.

-“Si te gusta comer manzanas, son más frescas por la mañana” (1), cantó Pequeño Mago.

-Tiene razón Pequeño Mago, dijo Francisco. Pueden llevarlas ahora y comerlas en el desayuno.

Dicho esto, sacudió fuertemente el ramaje. Cayeron muchísimos frutos y unas cuantas hojas.

-¡Por cada fruto que cae nacen dos ! exclamó la señora de collar azul, encantada de comenzar su curso con un árbol tan original.

El Mago se acercó al árbol para filmarlo mejor.

Primero se apuró a escribir puesto que el manzano con tronco de ombú no paraba de dar sorpresas. Un viento ligero levantó algunas hojas y las soltó sobre su escritura. El primo, apurado, las corrió sin prestar atención.

-¡Luna, ven! pidió la prima, tomando una hoja del suelo. ¡Mira esto ! Parece una hoja de paraíso, pero tiene algo especial que no distingo bien.

Luna se acercó para alumbrar a la prima con el brillo de su vestido.

-¿Qué tiene de especial ?, preguntó.

-Esto, dijo la prima mientras le daba la hoja. ¿Qué te parece, Lunulia ?

-Me parece, me parece... ¡Mago, filma las hojas ! ¡Están grabadas con muy bonita letra y con el texto de la regla nueva que escribimos en la semilla !

La señora de collar azul tomó una hoja del suelo. Estaba tan entusiasmada con la primera clase de su curso de guardaparques que se acercó a Francisco y le pidió el micrófono. Se puso los lentes y leyó para todos :

“Decimos que cada cual podrá querer lo que quiera...

Pero nosotros,

habitantes encariñados con el presente, y el futuro, de Globs,

consideramos que lo mejor será :

que no se permita más la juntadera,

de modo de no seguir atentando contra la vida buena de

TODO

los habitantes de Globs...”

7

Se fueron a dormir a una cabaña, a pocos metros del árbol nuevo. Durmieron plácidamente. Los despertó el sol de Globs, particularmente luminoso. Pequeño Mago, la prima y la beba Ter. no le hicieron caso al sol porque estaban muy cansados.

Los demás prepararon el desayuno y se sentaron a conversar a la sombra del manzano.

Los niños le contaron a Francisco de ese momento mágico en el que la torta del salón se había recompuesto, y de cuanto había cambiado el ambiente de la fiesta.

-Estaban tan felices que ni siquiera les importó el terremoto, dijo Pao.

-Se terminó la juntadera de porciones de torta bajo las sillas y ni siquiera quienes las guardaban se molestaron, agregó Luna.

-Es que no las necesitaban, explicó Francisco. Es probable que antes no lo hubieran notado.

-¿Antes de qué ?, preguntó Luna.

-Antes del encantamiento, Luna, le dijo Pao.

-¡Un momento !, exclamó Primero. ¿Porqué crees que fue el encantamiento lo que cambió la fiesta ?

-Porque al principio fueron las chispas de la varita, respondió Pao.

-Pero en ese momento ya estaría naciendo el manzano, aclaró el primo. El de la regla nueva para el juego de Globs, el de la vida buena. Buena como esta mañana, por ejemplo.

-Por eso. Luego de que el Mago dijera Abracadabra cambió la fiesta del salón, se encendió la vela, se oyó el estruendo, y nació el árbol.

-El árbol ya vendría naciendo, Pao, el estruendo no comenzó porque se encendiera la vela, creo yo...

-¿Entonces, Primero ?

-Entonces no sé. Puedo decirte solamente que ocurrieron al mismo tiempo, o casi, y no puedo decirte nada más. Pero de todos modos.

-De todos modos estoy encantado, dijo Francisco. Y también lo están Andando y Tinta. Y los cachorros.

-¿Y el gato Cazador ?, preguntó Luna.

-La última vez que lo vi fue ayer de mañana. Aun no ha vuelto.

Francisco se fue a pasear justo cuando se levantaba Pequeño Mago.

-Buenos días, Maguito, le dijo al pasar. Te espera el desayuno.

-Ven Mago, llamó Luna, a ti te espera el desayuno y nosotros te esperamos a ti.

-¿Por algo en especial ?

-La beba Ter..

-Está durmiendo junto a la prima, dijo Pequeño Mago, con cara de asombro.

-Sí, sí, el asunto es que no sabemos que darle de comer cuando se despierte, agregó Pao.

Es una beba recién nacida y no puede comer cualquier cosa.

-Es cierto, respondió el Mago, pero yo tampoco sé.

-Eres un mago, le dijo Pao. ¿No podrás hacer algo con la varita ?

-Lo intento. ¿Qué necesita la beba Ter. ?

-Eso es lo que no sabemos. Considero que este es un momento difícil del cuento, agregó el primo continuando con su escritura.

-Bueno, bueno, dijo Luna, que la beba no tenga su comida es algo muy serio, Primero. No es para que nos pongamos ahora a conversar de las dificultades del cuento...

-¿Y qué hago ?, dijo Pequeño Mago, que se había puesto nervioso.

Luna trajo una olla con tapa y le pidió a Primero que escribiera en un papel “alimento especial para bebés recién nacidos” . El primo se lo dio y Luna lo pegó sobre la olla tapada.

-Ahora dices Abracadabra, apuntándole a la olla con la varita, luego la destapamos y retiramos el alimento, propuso Luna.

-Abracadabrás, dijo Pequeño Mago. Y saltaron chispas.

Pao fue a destapar la olla.

-¿Qué hay, qué hay ?, preguntó Primero, curioso como siempre.

-No hay nada. ¿Qué clase de mago eres ? ¡Justo en un momento como este !, exclamó Pao, preocupadísimo por la beba Ter..

-¡Pero es que no entiendo bien como funciona esto ! La otra vez dije Abracadabrás y ...

Y nuevamente saltaron chispas de la varita. En ese momento volvió Francisco.

-¿Qué les pasa ?, preguntó, al verles la cara de preocupación.

-Es que la beba Ter. ...

-¿Se despertó ?, preguntó Francisco.

-Todavía no.

-¡Qué bueno ! La señora del collar azul me estaba esperando a la entrada del camino con esta mamadera. Especial para una beba recién nacida.

Se rieron. La magia funcionaba. No sabían como pero funcionaba. Y la beba Ter. ya tenía su desayuno.

-Uaaaaaaaaá

-¿Queeé es eso ?, preguntó el Mago.

-Es la prima y está llorando, dijo Luna. Y se fue con ella.

-Seguro que está soñando una fea de animales, aclaró Primero al comprobar que aun no se había despertado.

-Uaaaaaaaaá, seguía llorando la prima.

-Prima, despierta, le dijo Luna, estás soñando.

-Uaaaaaaaaá, insistía la prima sin abrir los ojos.

-Despierta, insistió Luna.

La prima se despertó un poquito pero seguía llorando.

-Uaaá, soñé que Primero estaba lejos...

-Acá estoy, dijo el primo.

-Y que..., uaaá, y que yo no sabía donde estaba, y que me llamaba y yo no lo oía...

-Acá estoy, insistió Primero. Pero la prima no terminaba de despertarse.

-Y que..., uaaá, me mandaba cartas y yo no las recibía, y que, uaaá...

-Mago, trae la guitarra, pidió el primo.

-Aquí la tienes.

-“...Cuando despiertes del sueño

ya no tendrá luna el cielo...” (2) , cantó Primero.

-Uaaaaá, insistió la prima.

“Sigue tu sueño mejor

bosque encantado tendrás

junto al conejo Tambor

blancas ardillas vendrán” (2), cantaron en coro.

No se les ocurrió que por el encantamiento de Globs, algunos sueños podían volverse ciertos. El parque se llenó de ardillas blancas, y un conejo Tambor de lo más simpático se dispuso a acompañar con su música el canto de los niños.

La prima terminó de despertarse.

-Acá estoy, le dijo Primero.

-Sí, primo, buenos días. ¡Qué ardillas tan bonitas ! ¡Y qué bonito conejo ! ¿Adónde van ?

Primero se dio vuelta y vio al conejo Tambor que se iba con su música a otra parte. Y las blancas ardillas detrás.

-¡Apúrate, prima ! Ve a aprontarte que nos vamos.

-¿Adónde ?, preguntó Pao.

-No lo sé, dijo Primero, pero está bueno para ir con ellos.

Pequeño Mago preparó la mamadera y la cámara de vídeo, y Luna trajo a la beba Ter..

Se fueron de lo más entusiasmados, detrás del conejo y las ardillas blancas, rumbo al capítulo siguiente.

8

Se apuraron pero no los alcanzaron. Como no tenían ganas de correr, decidieron ir caminando despacito por las arboladas calles del parque, unos metro más atrás del conejo

y las ardillas.

-Me pregunto adonde van, dijo Primero.

-¿Y qué te respondes ?, bromeó Pequeño Mago, agregando un chan chan chan con la corneta.

-Van en dirección a la calle que lleva al centro, observó Luna.

Y se fueron al centro. Pequeño Mago aprontó la cámara cuando el conejo y las ardillas se detuvieron frente al gran salón.

-Organizaron una pequeña fiesta y me parece que están bailando.

Aun estaban lejos de los jardines del salón pero alcanzaron a oír unos aplausos.

Primero se bajó la gorra mágica para mirar a través de ella.

-Tal como lo dices. Es una inauguración, dijo Primero.

-¿Cómo lo sabes ?, preguntó la prima.

-Lo leo en un cartel.

-¿Y que dice el cartel, Primero ?¿Porqué no cuentas todo de una vez ?

-...de una vez, terminó de anotar el primo. Frotó la lapicera y continuó con su escritura. “Inauguraciones varias”, respondió, luego de acomodarse la gorra. Es muy bonito y está pintado a mano.

Pequeño Mago se adelantó, muy ocupado con la película.

-¡Vengan !, exclamó. Están aplaudiendo a Francisco, que acaba de llegar.

Francisco estaba de pie junto a tres hombres, cuatro mujeres, Andando, su perro compañero, el conejo Tambor y unas cuantas ardillas.

-Acércate Pao, solicitó Francisco. Te invito a inaugurar esta ronda.

Primero anotaba y el Mago filmaba. La prima y Luna se fueron con la beba Ter. a darle una vuelta a los jardines, a buscar las otras inauguraciones.

Había cartelitos de “Se inaugura hoy” en las esquinas y en las puertas de casi todas las casas que rodeaban los jardines.

-¿Buenos días, que inauguran ? preguntó la prima a unos abuelos que tomaban mate en la vereda.

-Bueno..., nosotros inauguramos una fuente muy antigua, de porcelana, y tortas fritas con azúcar, que son la especialidad de mi marido. ¡Adelante, adelante, bienvenidas !

Las niñas entraron a la casa junto con el abuelo que muy generoso les enseñó la receta, las convidó con tortas fritas, y les mostró algunas fotos de la familia.

-En todas las casas hay inauguraciones, dijo la abuela. El vecino de la casita gris, por ejemplo, que es un señor muy callado, inaugura hoy su gusto por leer poemas en voz alta. La juguetería de la esquina se inaugura a sí misma para todos los que deseen visitarla, en modo de exposición-taller. Se puede pasar, se puede mirar y se puede tocar. Es decir : se puede jugar.

-Y la galería de arte que está junto al pequeño estrado inaugura hoy su vidriera, agregó el abuelo.

-¡Ay, qué bonito!, suspiró la prima.

-¿Para qué una vidriera ?, preguntó Luna.

-Para que quienes así lo deseen, pasen. Elijan telas, cartones, maderitas, colores, lo que les guste, y luego dibujen, pinten o similar, y lo expongan en la vidriera.

-Y cómo esto lo demás, dijo la abuela, mientras pedía prestada a la beba Ter..

-Mjnñií, susurró la beba y a la abuela se le pintó una sonrisa muy tierna.

-Es una fiesta maravillosa. En cada casa hay una sorpresa, algo bonito e inesperado.

-¿Y el estrado ?, preguntó Luna.

La prima miró el pequeño estrado. Pequeño como un cajón de frutas de la feria, por ejemplo.

-Es un cajón de frutas de la feria, dijo el abuelo. La señora que organiza la reunión es la que está acomodando el letrero.

-¡Es la señora del collar azul !, exclamó Luna, sorprendida de encontrarla en todas partes.

Detrás del pequeño estrado, en un letrero como bandera que movía el viento, se podía leer :

“Estamos contentos y por eso queremos hablar con usted” , en letras rojas.

Y más abajo :

“¿Qué hacés ahí ? Vení para acá”, en letras azules.

-Vamos, dijo la prima, yo a este lo conozco del cuento anterior.

-¿De quien hablas ?, preguntó Luna.

-De Miguel.

9

Llegaron junto al estrado cuando comenzaba a hablar la señora del collar.

-¡Qué maravillosa mañana ! El manzano no deja de dar frutos. De acuerdo a las últimas noticias, aquellos que no son tomados por la gente, van girando por los caminos en dirección al río. Estoy contenta y por eso quiero que hablemos. Y muy emocionada..., agregó.

En ese momento apareció Pequeño Mago con la cámara de vídeo dispuesto a registrar el encuentro.

-Hola Mago, saludó la prima. ¿Qué hace Francisco ?

-Está por inaugurar.

-¿Qué cosa ?, preguntó Luna.

La señora del collar continuó :

-He comenzado un curso de guardaparques y tuve la enorme alegría de debutar aprendiendo acerca del árbol nuevo. Estoy encantada y reconozco en ustedes un encantamiento similar. Es que Globs no es lo que era. Estamos de fiesta.

Clap clap clap, clapclap, clapclap, aplaudían algunos. El conejo Tambor se paró junto a la señora y le puso la nota musical al momento.

-Para compartir mi alegría los he convocado, pero también para arreglar ciertos detalles...

-¡Primero!, gritó la prima.

-¿Apareció el gato ?

-Juajuá, no, no. No te pierdas esta parte del cuento. Son los detalles.

El primo se acercó, lapicera en mano, y se paró junto al estrado.

-¡Pero qué hacés ! ¿Cómo estás tanto tiempo qué contás de bueno ?, saludó un jovencito.

Y le dio un abrazo.

-Bien, gracias, ¿y tú ?, respondió el primo.

-¡Estoy encantado !, exclamó Miguel.

-Te lo dije, Luna, es él, lo reconocí por las letras del cartel.

-En este momento, dijo la señora, damos por inaugurada la reunión.

El conejo dio unos toques de tambor y Miguel subió al estrado.

-Muy buenos días, saludó a los participantes. Efectivamente. Estamos de fiesta.

Quisiera inaugurar un jardín nuevo junto al río, alguna escuela, un hospital...

-Ya mismo lo inauguras, dijo la prima.

-Qué hacés nena tanto tiempo... Ejem. Dejame hablar que todavía no terminé.

No podemos, continuó, porque no disponemos de suficientes globs.

-¡Otra vez con lo de los globs ! ¡Cómo en el cuento anterior !, comentó Luna, empezando

a impacientarse.

-Estás todo equivocado, Miguel, desde que comenzó la fiesta ya nadie se acuerda de los globs. Están completamente dedicados al festejo. Si quieres inaugurar algo lo inauguras.

-¿Vos sabés lo que son los Bot?

-No

-Bueno. Por eso. No disponemos de suficientes globs, porque para inaugurar cosas grandes como hospitales, escuelas o jardines junto al río, con equipo completo de enfermeros, guardaparques, maestros, doctoras, pizarrones, hamacas, faroles, medicamentos y demás,

se necesitan muchos más globs de los que podemos reunir quienes vivimos en esta zona del país.

-¿Y los Bot ?, preguntó la prima.

-Los Bot son unas máquinas tragaglobs a las que tenemos que alimentar con aquellos globs que necesitaríamos para inaugurar cosas grandes.

-¡Ya estás complicando el cuento, Miguel ! No debes estar tan encantado...

-No te creas.

-No deberían alimentar máquinas, agregó Primero, levantando la ceja.

-Es una manera de decir..., continuó Miguel. Los globs que ponemos en los Bot son para un Gran Bot próximo a la Alta Montaña.

-¿Y todo eso porqué ?, preguntó la prima.

-Porque el Gran Bot nos había prestado globs para que pudiéramos seguir jugando.

-¿Y qué hicieron con los globs que les prestaron ?

-Bueno, sería largo de explicar... Pero la cosa es que hace mucho que tenemos esa deuda y aunque no hemos dejado de poner globs en los Bot, esta deuda es del tipo de las que se hinchan... Es decir : se va hinchando mientras pasa el tiempo. No cesa de aumentar de tamaño.

-¿Y entonces ?, preguntó la prima un tanto confundida.

-Y entonces seguimos pidiendo globs.

-¡Ah, no ! ¡Muy mal hecho !, exclamó la prima. Están jugando mal. Siguen pidiendo globs y la deuda se sigue hinchando y siguen poniendo globs para alimentar los Bot para deshinchar la deuda pero...

-La deuda no se deshincha, nena, pero para seguir jugando tenemos que seguir pidiendo globs.

-¿Pero para qué ?, insistió la prima.

-Bueno.., este..., dijo Miguel frotándose la frente. Para poder seguir devolviendo globs.

Entre otra cosas.

-Juajuajuá y juajuajuá, rió la prima.

-¿Y de qué se trata el juego ?, preguntó Luna, un poco molesta con tanta explicación que no explicaba nada.

La beba Ter. bostezó y la prima se volvió a reír.

Los jardines también estaban encantados. Hacía mucho tiempo que no les bailaban tanto encima, que no oían tantas risas, tantos cantos. Y quizás fue por eso que algunas flores indecisas abrieron justamente esa mañana.

Pequeño Mago tomó algunas, armó pequeños ramilletes, y aprovechando una pausa que hicieron Miguel y la señora del collar, instaló junto al estrado un pequeño mostrador.

‘Se inaugura hoy’ le pintó delante y se dispuso a regalar los ramilletes.

-Anota que Pequeño Mago inauguró una florería, Primero, sugirió la prima.

-Está anotado, respondió el primo y se tendió sobre el pasto del jardín. Antes había escrito en un cartón con letra antigua : ‘Se inaugura hoy’ , y lo había clavado en el suelo.

Bostezó y cerró un ojo.

-¿Qué haces, Primero ?

-Cierro un ojo. Y cuando cierre el otro me habré dormido.

-Creí que ibas a inaugurar...

-En esas estoy, primilla, estoy por inaugurar un sueño.

-¿Cuál ?, preguntó la prima.

-Pues no lo sé, es un sueño nuevo, lo inauguro esta mañana. Y cerró el otro ojo.

La prima le acomodó la gorra para protegerlo del fuerte sol de la fiesta mientras estuviera dormido.

Miguel volvió a subir al estrado y el Mago le entregó la florería a un niño cantor para dedicarse de lleno a la película. El primo se despertó radiante.

-¿Qué has soñado, primo ?, preguntó Luna.

-Eso déjalo como misterio, respondió él, haciendo morisquetas. Y se dispuso a continuar con su escritura.

-Estuve pensando, dijo Miguel. Pensé que no puedo inaugurar lo que quiero porque tenemos que cumplir con los Bot. ¡Eso !

-¿Y qué sentiste ?, preguntó la prima un poco triste.

-Bueno..., en el corazón sentí otra cosa. Pero no comprendí.

-‘El corazón tiene razones que la razón no comprende’, agregó Primero sin interrumpir su escritura.

-Puede ser, puede ser..., dijo Miguel.

-¡Pero claro que puede ser !, exclamó la señora del collar azul. Y comenzó a repartir papelitos entre los participantes. Hay hermosas inauguraciones que deseamos y necesitamos y vamos a disfrutarlas. ¡Cómo no ! Nosotros y los de otras zonas, que tienen más Bot que nosotros y ya no saben de donde sacar globs para alimentarlos. Hay zonas maravillosas como el Extremo Natural, por ejemplo, una de las más bonitas del país, que da pena ver cómo está quedando por cumplir con los Bot.

Y seguía repartiendo papelitos.

-¿Qué quieres inaugurar con los papelitos ?, le preguntó Luna.

-Un alimento nuevo para los Bot. Esta mañana encantada, llena de alegría, de risas y de cantos, de flores que se abren y de perros que ladran y manzanas que ruedan por las calles en dirección al río, es la mañana indicada para llenar los Bot con papelitos encantados.

-Encantada estoy de acompañarte a realizar lo que deseas, le dijo Luna. ¿Qué más hace falta ?

-Lápices, lapiceras, o dedos manchados con el color del pasto y de las flores.

-¡Estamos !, dijo la prima, frotando el pétalo de una anémona roja. ¿Y ahora ?

-¡Ahora, a escribir !, respondió la señora, humedeciendo sus dedos en el juguito de unas hojas de hierba.

10

‘Se inaugura hoy’ pintó la señora del collar en un letrero junto al Bot de la esquina.

-¿Qué inaugura ?, preguntó el abuelo de la fuente de porcelana que había salido a dar una vuelta.

-“Cartas al Gran Bot” , respondió ella, y le dio un papelito. ¿Tiene lapicera ?

-Tengo una en el bolsillo.

-Puede sacarla si gusta, y escribirle al Gran Bot lo que desee decirle. Cuando termina, hace una pelotita y la coloca en el orificio tragaglobs.

-“Si gustan tortas fritas los espero en mi casa”, anotó el abuelo. Hizo una pelotita y la colocó en el orificio.

-“Tiene razón el primo, las máquinas no comen”, escribió Luna.

-“¡Clarito que no !”, pintó la prima con tinta de anémona.

-“Cuando terminemos de inaugurar todo lo que necesitamos, hablamos”, propuso con letra verde la señora de collar azul.

-“Abracadabrás”, anotó Pequeño Mago. Y se lo envió al Gran Bot.

-“Sr. Gran Bot : debería considerarse satisfecho y no solicitar más alimento. Entienda que le están dando mucho más de lo que pueden”, mandó a decir en un papel que alcanzó Primero, Pao desde la ronda.

-Primero, ¿no escribes ?, preguntó la prima al verlo con cara de malhumorado.

-Qué no doy más de mí y...

-No empieces con eso, interrumpió la prima. Si estás enojado y no es conmigo...

-Claro que no es contigo, aclaró el primo. “Qué no doy más de mí y esta vez es en serio”, anotó. Y lo metió en el Bot.

-“No necesitan comer más. Hasta podrían empacharse. Se los digo por su bien”,

agregó la abuela.

-“Suerte. Te quedamos debiendo”, escribió un niño con letra multicolor.

-“¿No es lo mismo con estos papelitos ?”, escribió una niña con letra redonda.

-“Vamos a andar”, escribió un flaquito, y algunos no entendieron.

Miguel seguía sobre el estrado con un lápiz en la mano. El fuerte sol de Globs se lo encendió y él se apuró a escribir : “Hemos pagado mucho más de lo que debíamos”.

Pasó el lápiz encendido a un habitante que lo tomó alegremente sorprendido. Este lo pasó a otro, el otro a otro, y así dio el lápiz la vuelta a los jardines hasta llegar a la ronda que había armado Francisco. Pao lo colocó en una pequeña maceta y con ella subió por una escalinata blanca hacia la terraza del jardín. Apoyó la maceta y llamó a los habitantes a contemplar el fuego.

¡Clap clap clap ! ¡Buenísimo !, exclamaron.

-‘¡Se inaugura hoy !’, gritó Pao desde la terraza.

-¿Qué estás por inaugurar ?, preguntó Pequeño Mago.

-Un pequeño partido de fútbol aquí arriba, para quienes tengan ganas de jugar.

En pocos minutos se completaron los equipos. ‘Losunos contra Losotros’. Eso fue lo que pintó el Mago en un cartel antes de agregar un chan chan de corneta que anunciaba el comienzo del juego.

Fue un partido de lo más entretenido. Como no tenían camisetas se cubrieron con dos tipos de ponchos encantados, confeccionados con restos de sábanas que acercaron unos vecinos.

Inauguraban en ese momento su taller de camiseta rápida.

Losunos eligieron poncho con escote y Losotros poncho con bufanda.

Las hinchadas estaban enfervorizadas.

“potros potros potros

potros somos Losotros”, gritaban unos.

Los de la otra hinchada no encontraban rima, de modo que utilizaron la primero que se les ocurrió. Les quedó medio raro pero de todos modos :

“Juno Juno Juno

como Losunos no hay ninguno”, exclamaban.

Estuvo movidito. Ganaron Losunos 2 a 1 por un penal en el penúltimo minuto.

-¡Hay que saber perder ! ¡Hay que saber perder !, gritaba el arquero de Losunos al otro arquero agitando el poncho.

-¡Mejor decirlo dentro de un rato !, gritaba furioso el arquero de Losotros tirando manotazos al aire.

¡Juno Juno Juno !, cantaban abrazados y saltando los de la hinchada de Losunos.

Los potros se lamentaban y discutían acerca del proceder del juez.

El juez había ido al baño. Demoró tanto que lo imaginaron perdido en alguna otra inauguración, y ya no lo esperaron.

Como a Primero no lo entusiasmaba mucho jugar un segundo partido lo invitaron a que participara como juez. Dijo que no. Le insistieron y le propusieron que se tomara total libertad para actuar como mejor le pareciera. Aceptó.

Comenzado el segundo tiempo, el primo se tomó la libertad de solicitar que cuando tocara el pito porque alguno había cometido falta, se intercambiaran los ponchos, cambiaran los arqueros de lugar y los goles que habían hecho, y siguieran jugando.

No le dijeron que no por el entusiasmo que tenían, pero fue tal el alboroto que se armó que terminaron 15 a 15, muertos de la risa y tirados en el suelo.

-¡Empate !, sentenció Primero y se fue a buscar la lapicera para registrar los detalles del momento deportivo.

-¡Pao !, llamó Francisco.

Pao tomó la maceta con el lápiz encendido y bajó la escalinata en dirección a la ronda.

La apoyó sobre una columna y desplegó un colorido cartel : ‘Se inaugura hoy’

Se corrió la voz y los habitantes se acercaron.

-Estos hombres y estas mujeres que me acompañan, siete en total, provienen de diferentes zonas de Globs. Considerando que de los 100 habitantes que somos, 70 no saben leer, cada uno de ellos saldrá de aquí como maestro nuevo a recorrer el país y a buscar a quienes deseen aprender.

Pao levantó la maceta y Andando ladró.

¡Buenísimo ! ¡Qué siga la ronda !, exclamaban los habitantes.

-“Yo no sé muchas cosas, es verdad...”(3), continuó Francisco, pero muchos me han enseñado. Quiero en este momento, recordar especialmente a los pájaros, de quienes tanto he aprendido.

¡Qué vivan los pájaros ! ¡Qué viva la ronda !, aplaudían los habitantes.

-¡Qué viva !, exclamó Francisco.

Como sus pájaros más amigos eran los gorriones, la llamó “La ronda de los gorriones”.

En ese momento la dio por inaugurada y se fue a dar un paseo.

Los niños se dieron cuenta de que no habían comido cuando la beba Ter. dijo Mjnñií con tono de hambre. Le dieron su mamadera y salieron a buscar alguna inauguración que ofreciera alimentos. Encontraron una muy simpática que había inventado un camionero.

-¿Usted qué inaugura ?, le preguntó Primero.

-Paseos especiales por la costa de la zona Del Parque, respondió el camionero.

-¿Qué tienen de especial ?, preguntó Luna.

-Especiales de verduras con queso, y todo tipo de especialidades dulces y saladas con bebida incluida. Son paseos con almuerzo. Están invitados.

Y allá se fueron, sentados en la parte de atrás del camión, almorzando y disfrutando del paisaje. El camionero iba cantando una bonita canción que ellos no reconocieron.

Un color muy intenso les llamó la atención.

-¿Qué es aquello tan azul ?, preguntaron al conductor.

-El Río Casi Infinito. Es bellísimo. ¿Quieren conocerlo ?

Descendieron. Agradecieron el paseo con almuerzo y la bonita canción, y emprendieron la marcha hacia el intenso azul.

11

Para llegar al Río Casi Infinito era mejor ir por la sombra. Tomaron el sendero que se abría al costado de la carretera y caminaron entre una espesa vegetación. Dado que no tenían orientación precisa decidieron seguir los caminos recortados por los árboles.

De pronto se dieron cuenta de que no divisaban el azul. Estaban tan entretenidos que habían caminado largo rato sin mirar por donde iban.

-¿Quién tiene brújula ?, preguntó Primero.

-Juajuajuá, rió la prima.

-¿De qué te ríes ?

-¿Para qué quieres brújula ?

-Para salir de aquí.

-¿Y adónde quieres llegar ?

-Al Río Casi Infinito, prima, no estoy para bromas.

-No es una broma, Primero, hacia allí vamos.

-Ya no se ve el azul.

-En algún lado estará.

-Si tú lo dices..., dijo el primo apurando el paso.

Siguieron a Primero. No le quisieron decir que los estaba llevando por zonas cada vez más oscuras para no aumentar su malhumor.

Poco después, seguían sin encontrar el azul del Río, tampoco veían el azul del cielo, y apenas podían caminar entre la tupida vegetación. Se sentaron a descansar y a pensar por donde salir. No se les ocurría nada.

-Estamos perdidos, dijo Luna, alumbrando con el brillo de su vestido unos metros más allá, para un lado y para otro. Bájate la gorra mágica, primo.

-¿Qué ves ?, preguntó Pao.

-Arboles y árboles y troncos de árboles...

-¿Y qué más ?

-Y arbustos y árboles y troncos de árboles...

Primero giraba sobre sí mismo mirando el paisaje a través de la gorra y repitiendo :

-Y árboles y arbustos y troncos de árboles...

-¡Ya basta, primo !, parece una canción de cuna, protestó Pequeño Mago a punto de quedar dormido.

-¡Y... ! ! !, exclamó Primero sorprendido.

-¿Y qué más ? ¡Dilo de una vez !

-¡Ponte la gorra, prima !, ¿qué ves ?

-Veo, veo, ... , árboles y árboles y troncos de árboles...

-¡Ah no! ¡No empieces tú también con esa cantinela !, solicitó Pequeño Mago .

La prima devolvió la gorra y se volvió a sentar. Luna alumbró nuevamente unos metros más acá y unos metros más allá. Y unos metros más allá vio algo que se movía.

-Podría ser una serpiente, avisó Pao, lo digo por el tipo de vegetación.

-Es rojizo, aclaró Luna.

-Insisto en que puede ser una serpiente.

-Tiene bigotes, agregó Luna.

-Rojizo, rojizo y con bigotes, rojizo y con bigotes..., repetía la prima. Yo vi en una película un señor, que había tomado el sol...

-No es una serpiente, dijo Luna.

-Rojizo y con bigotes, y no es una serpiente..., pensaba la prima en voz alta. Bueno, bien podría ser ese señor de la película que...

-¡Basta prima por favor !, exclamó Pequeño Mago que se había puesto nervioso. ¿A qué juegas ?

-¡Pero si no estoy jugando !, protestó la prima muy ocupada en recordar el nombre de la película.

-Y en el bigote, agregó Luna, tiene algo blanco que...

-¡Cazadoooooorr !, exclamaron.

-¡Muuiaauuuuú !, respondió el gato. Y corrió junto a ellos.

Lo saludaron con muchísima alegría. Estaban tan felices por el encuentro que hasta olvidaron que se habían perdido.

-Nos trae un acertijo, seguramente una pista para salir de aquí, un papelito blanco en el bigote. Hizo lo mismo en el cuento anterior, ¿recuerdas, primo ?

-Recuerdo, respondió Primero, intentando tomar el papelito.

-¡Miú !, protestó el gato.

-¿Qué dice, qué dice ?, insistía la prima.

-Nada. Es un trozo de pescado.

-No se lo quites, seguro que lleva su reserva de alimento para tramos especiales del paseo.

-No olvides el encantamiento, respondió Primero. Lo más probable es que se haya cansado de llevar y traer acertijos y esté completamente dedicado a un feliz vagabundeo.

-¡Muuiauuú !, exclamó Cazador. Se comió su bocadito, dio media vuelta, y se fue con paso decidido.

-¡Qué lo sigamos !, propuso la prima.

Y allá se fueron, caminando detrás de Cazador, hasta un pequeño claro entre la espesura de la vegetación. El gato se acercó a un pequeño arbusto y una mano se extendió hasta su bigote. Le pinchó otro bocadito y le hizo un mimo.

-¡Al fin sabremos quien es !, dijo la prima. Nunca supimos quien enviaba los acertijos que Cazador traía pinchados en su bigote en el cuento anterior. Seguro que es la misma persona que asoma la mano tras el arbusto.

Fueron a ver. Encontraron una jovencita sentada en un pequeño carro colorido, escuchando música con auriculares, y tarareando caracachún ié ié.

-Buenas tardes, saludó Pao, nosotros somos unos niños amigos de Cazador a los que tú enviabas acertijos. Muchas gracias. ¿Cómo estás ?

-¡Encantada !, respondió la niña. Y encantada de conocerlos. Es cierto, era yo. Pero me aburrí de estar tanto tiempo quieta, inventando acertijos, y con el encantamiento me volví

aventurera. Salí a recorrer Globs.

-¡Qué bueno !, le dijo Luna. Globs está maravilloso con esta fiesta.

-Así es, continuó la niña. ¿Qué los trajo hasta aquí ?

-Ibamos hacia el Río Casi Infinito, explicó Primero. Pero nos perdimos.

-Quizás conserves algún acertijo que nos ayude a salir de aquí, dijo la prima.

-Un acertijo, un acertijo, un acertijo..., repetía la niña. ¡Tengo uno !

-Dilo por favor, solicitó, ansioso, Pequeño Mago.

-¿Qué es esto ?, preguntó ella, señalando el carro.

-Un carro.

-¡Bieenn ! ¡Acertaron ! Suban. Nos vamos al Río.

-¡Buenísimo !, exclamaron. Y subieron. El Mago se sentó junto a la niña.

-¿Cómo te llamas ?, le preguntó.

-No le hagan más preguntas, dijo Primero. Si con el encantamiento se ha vuelto aventurera quizá ya no recuerde muy bien algunas cosas, agregó, al comprobar que la niña había vuelto a hacer caracachún ié ié, acompañando la radio que llevaba en el carro.

-¡Claro que recuerdo ! Pero estoy completamente dedicada a disfrutar del momento presente, aclaró la niña.

-Te llamaremos Cazadora, le dijo la prima. Es muy bonito nombre para una niña aventurera.

12

-¡Arena !, gritó la prima. Y saltó del carro.

Corrieron todos menos Pao, porque llevaba en sus brazos a la beba Ter..

Luna sacó sombreros de su mochila y le dio uno a Cazadora. Primero, que tenía gorra, le pasó el suyo a la prima. Pao cubrió con el que traía a la beba Ter. y le pidió a Pequeño Mago que le consiguiera otro. El Mago le dio el que guardaba en su mochila porque se había puesto la camiseta de sombrero y la prima sacó unas toallas para cuando regresaran de bañarse en el Río.

Era cierto : parecía infinito. Y era intensamente azul.

-Si es casi infinito no es infinito, comentó Pao, mojando la espalda de la beba Ter..

-Glup, respondió Primero, sacando la cabeza del agua. ¡Depende !

-¡Vamos Primero!, dijo la prima. No depende de nada. Si nadamos y nadamos, en algún momento vamos a encontrar tierra.

-¡Depende !, insistió Primero.

-Depende, continuó Cazadora, pero más allá y más allá del horizonte, por ejemplo, donde parece que no hay nada, está el Extremo Natural.

-Nos han hablado mucho del Extremo Natural, comentó Luna. Dicen que es de las zonas más bonitas de Globs.

-Más bonitas y algo más.

Pequeño Mago quedó de lo más intrigado pero no preguntó nada. Salió del agua para retomar la película.

Al rato estaban todos sentados en la arena comentando lo buena que venía la fiesta.

Cazadora les contó algunas cosas del Extremo Natural, con tanto entusiasmo, que comenzaron a planificar el viaje. Todo lo que se les ocurría era imposible.

El Río Casi Infinito no era infinito pero no llegarían nadando a la otra orilla.

-Haz algo con la varita, sugirió Pao a Pequeño Mago.

El Mago estaba muy ocupado con la película, de modo que sacó la varita sin prestarle atención, dijo Abracadabrás, saltaron chispas, y no pasó más nada.

-No veo que haya pasado nada, comentó Cazadora.

-Así es como funciona, dijo la prima.

Se rieron. Pasaron otro rato soñando que llegaban al Extremo Natural. Barco, avión o globo, cualquier cosa que apareciera y los pudiera alcanzar les venía bien.

-Prueba otra vez, insistió Pao.

-Abracadabra.

-Tú nunca dices Abracadabra, se quejó Pao. Si no lo dices bien menos va a funcionar.

-Es cierto, cuando lo digo yo, la termino con ‘s’, respondió el Mago. Pero yo no he sido.

-Abracadabra, se oyó otra vez, tras una montaña de arena.

Buscaron pero no encontraron nada.

-¡Ustedes, ahí !

-Sí, nosotros aquí, ¿y tú quien eres ?, dijo la prima.

-Es la que escribe el cuento, nos habremos metido en algún lío, respondió Primero.

-¿Qué dicen ?, preguntó el Mago asombrado.

-Es ella, la que escribe un cuento que...

-Pero yo no veo a nadie, interrumpió Pequeño Mago. ¡Tú, quienquiera que seas !

¡Asómate ya !

-No, no, no, no le insistas, pidió la prima. No te va a hacer caso. Deja que te explique.

-Estoy escribiendo un cuento de unos niños, a la orilla del Río Casi Infinito, que sueñan con llegar al Extremo Natural, dijo la que escribe el cuento.

-¡Has dado con ellos !, exclamó Pequeño Mago. ¿Dónde lo escribes ?

-En una pequeña libreta verde y en mi casa, en una ciudad bulliciosa.

-Bueno, bueno, bueno..., repetía Pequeño Mago no muy convencido.

-¿Y qué ocurre con los niños que sueñan con llegar al Extremo Natural ?, preguntó Cazadora.

-Cumplen su sueño.

Luna encendió la radio de Cazadora y se oyó una hermosa melodía. Suave y serena.

Se quedaron dormidos. Soñaron que el carro colorido tenía alas y que cruzaban el Río hasta la costa del Extremo Natural. Y así fue como llegaron.

13

Fueron a dar junto a una charca rodeada de elefantes. Salieron cada uno por su lado a explorar territorio.

Habían recorrido apenas unos metros cuando la prima llamó a Pequeño Mago :

-¡He perdido completamente mi miedo de subir a un elefante ! Fílmame, Maguito, por favor.

-Me alegro mucho, prima, pero de acuerdo a como viene la película esa escena no corresponde.

-¿No?

-No

-Espera, dijo la prima. Sacó un lápiz y un papelito de la mochila y anotó : ‘Se inaugura hoy’

-¡Qué bueno ! ¿Qué inauguras ?

-Me inauguro como actriz de película documental dirigida por mí, respondió la prima subida al elefante.

-Entonces sí, dijo el Mago, y se dispuso a registrar la escena. ¡Listo !

Clap, clap, clap, aplaudió Luna que había llegado recién. Pidió papel y lápiz a la prima y anotó : ‘Se inaugura hoy’

-¿Qué estás por inaugurar ?, preguntó la prima.

-Un paseo por el Extremo Natural montados en elefante. ¡Todos !, llamó.

Volvieron. Pao, Primero, Cazadora y la beba Ter..

-Esto está buenísimo, comentó Pao. Hermosa la flora y hermosa la fauna.

-...la fauna, terminó de anotar Primero levantando la ceja.

Cazadora le cantaba a la beba Ter.

-A pocos metros de aquí encontré una construcción, comentó. Podemos ir si...

-Iremos, respondió Luna. Los invito a recorrer el Extremo en elefante.

Aceptaron inmediatamente y emprendieron la marcha. Un elefante para cada uno excepto para Cazadora que compartía el suyo con la beba Ter.. Luna iba adelante inaugurando la excursión. Encendió la radio :

“Negro milonguero qué bien / buen tamborilero también...” (4)

Dado que conocían la canción y además les gustaba, inauguraron un coro para acompañar

el camino.

La construcción a la que se refería Cazadora había sido un hospital. El encantamiento la había convertido en casa hospitalaria, abierta para cualquiera que quisiera visitarla.

No entraron. Siguieron de largo, recorriendo el Extremo con rumbo desconocido.

Un hombre de ropa multicolor y ancha sonrisa les hizo señas. Era el primer extremés que conocían.

-Buenas tardes, saludó Luna. ¿Cómo está ?

-¡Encantado ! ¿Adónde se dirigen ?

-No sabemos. Venimos de la zona Del Parque en excursión y vamos con rumbo desconocido.

-Entonces vengan conmigo, invitó él.

Lo siguieron, maravillados con los colores de los pájaros, con los animales que aparecían al costado del camino, y con una música muy particular que se oía más clara y más intensa a medida que avanzaban.

El extremés los condujo hacia un grupo de pequeñas viviendas que formaban un círculo alrededor de un fogón.

-Estamos de fiesta, anunció el hombre de los colores.

-Se nota, dijo Primero, considerando el colorido de la vestimenta, la música vibrante y la alegría general.

-También en la zona Del Parque estamos de fiesta, informó Luna. ¡Qué bueno habernos conocido hoy !

El hombre de los colores les presentó a su familia y a los vecinos, y los invitó con apetitosos bocaditos completamente nuevos para ellos.

-¡Esto sí que es un festejo !, exclamó la prima. Y agregó que en ningún otro lugar conocido por ella la gente se vestía tan alegremente.

-No, no, esta no es ropa para la ocasión, explicó el extremés. Es la ropa que tenemos. La de todos los días y la más común en el Extremo Natural.

Pequeño Mago filmaba cuando Luna se puso a bailar. Bailaba junto al fuego al compás de la música y a pesar de que aún era de día su vestido brilló más.

El extremés invitó a los otros niños a sumarse a la danza y cuando Cazadora tomó la cámara el Mago también bailó.

Los músicos se turnaban porque todos eran músicos.

Una señora les ofreció como bebida algo muy especial y algunos cuentos propios del lugar que los niños disfrutaron muchísimo, porque amaban los cuentos.

También la beba Ter., en brazos de una pequeña extremesa, que la arrulló con una bella y misteriosa canción.

Estaban rebosantes de alegría. Decidieron continuar la excursión y se despidieron con cariño y gratitud de los habitantes más amables y coloridos que habían conocido en Globs.

Regresaron lentamente en elefante, con una felicidad tan honda, que casi no comentaron nada.

-Esto sí que es vida alegre, comentó Pao, suavemente.

-Tenías razón, Cazadora, dijo la prima. El Extremo Natural es bonito y algo más.

-Sí, sí, pero esto no es todo lo que hay, respondió ella. ¡Mejor seguir !

14

Las puertas de la casa hospitalaria estaban abiertas. Entraron. Se sentaron a descansar junto a una fuente. Una muchacha vestida de blanco les dio la bienvenida.

-Buenas tardes, jovencitos. En un momentito los llaman.

-¿A nosotros ?, dijo la prima.

-Muchas gracias, dijo Pao.

Un hombre con las manos llenas de plantas pasó delante de ellos.

-¡Tú ! ¿No nos recuerdas ?, preguntó Primero.

-A ver...,ustedes...

-Nosotros somos unos niños amigos de Francisco y tú eres un doctor que cura con plantas. Te conocemos del cuento anterior, dijo la prima.

-Pero claro, ¿cómo están ?

-Muy bien, gracias, ¿y tú ?

-¡Encantado ! Me he vuelto médico del camino y acá estoy. Caminando.

-¿Hacia dónde caminas ?

-Hacia la enfermería, segunda puerta cruzando el patio.

-¡Los niños !, llamó la muchacha vestida de blanco.

-¡Acá estamos !, respondió Pequeño Mago.

-Vengan conmigo, por favor, agregó ella. Los que vienen a recibir tratamiento pasen nomás. Quienes deseen participar de la reunión siguen por este camino hasta la sala del fondo.

-Venimos todos a la enfermería, se apuró a decir Primero, al darse cuenta de que había un malentendido.

-Entonces no es por aquí, tienen que ir...

-Sí, sí, segunda puerta cruzando el patio.

Cruzaron el patio y llegaron a la enfermería. Encontraron al médico del camino rodeado de plantas. Plantas arriba de la mesa, debajo de la mesa, plantas colgando, enredaderas, macetas con plantas, plantas en frascos, etcétera. Y algunas bandejas con frutas.

Pequeño Mago le pidió permiso para filmar. El médico del camino le dijo que sí, que ningún problema. Y continuó con su trabajo.

-¿Qué haces entre tanta planta ?, preguntó Luna.

-Jugo, respondió él, apretando unas hojitas.

Los niños se lavaron las manos y se dispusieron a preparar jugo con el médico.

Llenaban unos vasos y lo pasaban a jarras, y colocaban las jarras al costado de la puerta.

Pasó la muchacha vestida de blanco y se llevó nueve en un carrito.

-...le llamaremos Peregrino, anotó Primero, que continuaba con su escritura.

-¿A quién ?, preguntó el médico.

-A tí.

-Muy bien, muy bien. Prueben estos bocaditos, les gustarán.

-Buenísimo, son parecidos a los que nos ofreció el hombre de los colores, comentó la prima.

-¿De qué colores ?, preguntó Peregrino.

-De casi todos, respondió la prima.

-De casi todos los colores era la ropa, explicó Pao, él era negro.

-Cómo la mayoría de los extremeses, comentó el médico, y colocó otra jarra al costado de la puerta.

Peregrino les contó que en la sala estaban de fiesta y que por eso preparaba tanto jugo.

-Llega gente continuamente. Algunos vienen a cantar o a contar cuentos, otros traen unos aceites especiales para hacer masajes y otros vienen a hacer chistes.

-Algunos vienen a recibir tratamiento..., comentó Pao. Eso fue lo que nos dijo la muchacha vestida de blanco.

-Sí, esto era un hospital. Hoy es casa hospitalaria y ofrece tratamientos de todo tipo.

-¿Y quiénes están enfermos ?

-La mayoría de los que están aquí están enfermos, respondió Peregrino.

-¿Son muchos ?, preguntó Luna.

-Muchos. Y hay muchos más en el Extremo Natural. Los medicamentos comunes son escasos pero esta zona de Globs es muy rica en plantas medicinales. Afortunadamente.

-Me parece que hay muchos enfermos..., pensaba la prima en voz alta.

-Sí. Es por los S.C.I.. Los seres casi invisibles.

-Si son casi invisibles no son invisibles, comentó Pao.

-Depende, se apuró a decir Cazadora, antes de que Pao y Primero comenzaran a discutir acerca de la invisibilidad de los S.C.I. y distrajeran a Peregrino.

-¿Qué son los S.C.I. ?, le preguntó.

-Son seres mínimos que producen enfermedades directamente o les abren la puerta. Eso es así en cualquier zona de Globs, y le puede ocurrir a cualquiera. Pero aquí es un problema

muy serio. Podrían terminar con los extremeses.

-¿Cómo terminarían ?

-Muriendo. Porque no comen. Porque no disponen de suficiente medicación. Y porque están tristes.

-¡No es verdad !, exclamó la prima.

-Prima, cállate por favor, no le grites a Peregrino que está mintiendo.

-¡No es verdad ! insistió la prima. Los extremeses son alegres. Conocimos unas familias.

¡No es verdad !, volvió a decir, y se fue rumbo a la sala del fondo.

Luna y Cazadora salieron tras ella.

-¡Prima !, llamó Luna.

La prima caminaba de prisa. Entró a la sala y se detuvo a contemplar la reunión. Estaba lleno de gente encantada. Unos se habían vuelto cantadores, otros contaban cuentos, otros hacían reír, algunos convidaban con jugos y con frutas, y estaban los mimeros, que eran los de los aceites especiales para hacer masajes. Llegó Pequeño Mago con la cámara de vídeo, muy entusiasmado, y se metió entre la gente. De pronto dejó de filmar. Las niñas se le acercaron.

Los extremeses enfermos eran muchísimos. Estaban flaquitos como palitos, tenían los ojos enormes y redondos, las barrigas hinchadas, y se les notaban los huesos. Algunos ya ni se movían.

-¡Pero qué es esto !, exclamó Pequeño Mago. ¡Les dije que avisaran si era un cuento de terror !

Luna se dio media vuelta y se fue de la sala. Atrás marcharon la prima y Cazadora.

Salieron de la casa hospitalaria casi corriendo, rumbo a la charca de los elefantes.

La radio estaba encendida. Cazadora la apagó y se puso a llorar. Luna se sentó en el suelo con los ojos redondos como los de los extremeses enfermos. La prima se tiró al piso y empezó a patalear.

Llegaron el Mago y Primero discutiendo a grito pelado y sin saber porqué. Pequeño Mago tiró la cámara sobre una montaña de arena. Finalmente llegó Pao con la beba Ter. en brazos.

-Prima, no ganas nada con gritar y patalear, dijo Pao suavemente.

-¡Déjala patalear tranquila !, gritó Pequeño Mago, zapateando en la arena. Y salió como una flecha a dar vueltas por cualquier parte.

-Yo quisiera saber donde se metió la que escribe el cuento, que nos dijo que cumpliríamos un sueño, que venga y nos explique..., dijo Primero. Tiró la lapicera y salió detrás del Mago.

Y pasaron los minutos. Y la prima dejó de patalear. Y Cazadora dejó de llorar. Y Luna se frotó los ojos como quien acaba de despertarse.

-¡UAAAAAAAAjnñ !, los sacudió un estruendo.

Era la beba Ter. que tenía hambre. Pao le pidió a Luna que le alcanzara la mamadera.

-Yo sigo con la película, dijo Cazadora, ¿oíste, prima ?

-Oí, dijo la prima. Y encendió la radio.

En la radio pasaban un bolero. Primero y Pequeño Mago volvían calladitos.

-¿Qué canción es esa ?, preguntó Primero.

-Una de amor, respondió la prima, haciendo como que bailaba con la radio. Dice que “solamente una vez se entrega el alma...” (5)

-Dirá que ‘solamente una vez’, comentó el primo, pero yo la he escuchado muchas veces.

-Pues me parece que la vas a escuchar una vez más, le dijo Pequeño Mago, haciendo como que lo invitaba a bailar.

Primero largó la risa y se fue a buscar la lapicera para retomar la escritura.

-Gracias, Pao, le dijo Luna. Y le dio un beso.

-¿Porqué ?, preguntó él.

-No lo sé, respondió ella, y tomó en sus brazos a la beba Ter.. A Pao le asomó una lágrima, salada y dulce.

Cazadora estaba filme que te filme unos animales rarísimos pero giró la cámara para agregar a los amigos en la escena. Se rieron. La beba Ter. se tomó su mamadera, y casi sin darse cuenta volvieron sobre sus pasos rumbo a la casa hospitalaria. Tarareando el bolero.

15

Se fueron derechito a la enfermería. Peregrino seguía preparando los jugos.

-Quiero pedirte disculpas, le dijo la prima. No quise decir que mentías cuando dije que no era verdad...

-Está bien, respondió él amablemente. Y colocó otra jarra al costado de la puerta.

Los niños se dispusieron a seguir preparando jugo.

-El Extremo Natural es una zona maravillosa, explicó Peregrino. Llena de colores, de cuentos, de plantas medicinales, y de muchísimas cosas más. Y también llena de Bot.

-¡Los Bot !, exclamaron los niños. ¡Las máquinas tragaglobs !

-Sí, sí, continuó Peregrino. Los globs que utilizamos aquí para alimentar a los Bot podrían ser cambiados por comida para los extremeses. Además, en otras zonas del país de Globs, hay quienes desean inaugurar otro modo de parar a los S.C.I. más peligrosos. Buscan una vacuna que termine con ellos.

-¿Y cuándo la encuentran ?, preguntó Luna.

-No lo sé. Pero a ellos también les faltan globs para cambiar por todo lo que se necesita para encontrarla.

-...porque se los dan de comer a los Bot, anotó el primo levantando y bajando la ceja.

-Y también porque hay quienes buscan otras cosas y...

-¿Otras cosas ?, preguntó Cazadora.

-Otras cosas, respondió Peregrino. Por ejemplo, la guerra.

Primero anotaba. -¿Qué guerra ?, preguntó.

-La guerra. Cualquier guerra. Por ejemplo, para una que aun no ha comenzado, y para todo lo que hay que conseguir para hacerla se han reservado muchísimos más globs que los que se necesitan para terminar con todos los problemas del Extremo. Y con los que se usan en dos guerras como esa, se arreglan los de todo el país de Globs.

-¡No puede ser!, exclamó la prima. Y se tapó los ojos.

-No empieces a gritar que no es verdad, le dijo Pao en voz bajita.

-Es verdad, agregó Peregrino.

-Entrégale el capítulo diez, le dijo el Mago a Primero.

-Yo lo copio, dijo Pao. Y lo copió.

Se lo dio a Peregrino. El lo colocó en un estante y salió con cinco jarras rumbo a la sala del fondo.

-Mjñiiiijjj, susurró la beba Ter..

La prima le inventó una canción de cuna parecida a la que había oído de la pequeña extremesa. Uno por uno comenzaron a bostezar. Y se quedaron dormidos.

16

Tal como cualquiera podría imaginar, se despertaron junto a la orilla del Río Casi Infinito, en la costa próxima a la zona Del Parque.

-Soñamos..., dijo Primero.

-...soñaron, dijo Cazadora.

-¿Tú no ?

-Sí, claro, yo también, respondió ella. Y se dispuso a leer para todos una pequeña carta que había encontrado sobre el asiento del carro :

“Queridos niños : soñaron que visitaban el Extremo Natural y que conocían

a los extremeses de ancha sonrisa y algo más.

Atención : debido al encantamiento general de Globs, algunos sueños pueden

volverse ciertos. Hasta todos los momentos.”

-Es la que escribe el cuento, dijo la prima. La reconozco por el modo de saludar.

-¡Hasta todos los momentos !, gritó Primero mirando para cualquier lado.

Partieron en dirección a la carretera donde los había dejado el camionero. Al camionero no lo encontraron pero dieron con una montonera de gente haciendo bochinche.

El Mago agregó unos chan chan chan con la corneta, Cazadora caracachún ié ié, y así fue como se integraron a la jarana. Los habitantes estaban encantados, esperando inaugurar un carro de fantasía.

-El nuestro es el de los toros, le contó un hombre a Primero. Los toros son tres y el carro uno. Nosotros somos un montón y nos vamos a pintar la cara como se nos de la gana. Y vamos a ir haciendo bochinche por la calle central. ¡Míralo ! ¡Allá viene !

El bochinche aumentó. Los habitantes se treparon al carro y comenzaron a pintarse la cara con los más variados motivos. Puntos, estrellitas, medialunas, todo tipo de rayas y rayitas, manchas grandes, manchas pequeñas, etcétera.

-¿Cómo te llamas ?, gritó el hombre mientras trepaba al carro.

-Primero.

-¡Puedes venir con nosotros !

-Estoy con mis amigos en otro carro. Es más pequeño aunque muy colorido. Y no es de fantasía.

-Agrégale un toro. Te lo prestamos.

Primero agarró el toro y se los mostró a los amigos. Quedaron encantados. Lo aplaudieron

y se pusieron a pensar como llevarlo con ellos. Dado que no se les ocurrió como engancharlo al vehículo, decidieron sentarlo en la parte de atrás, sobre la tapa del guardaequipajes.

Y allá se fueron, detrás del carro mayor, dele chan chan chan caracachún ié ié.

Llegaron a la calle central y se sumaron a una caravana de carros de fantasía.

Había de todos los tamaños. Algunos cargaban animales : gallinas, gansos, ciervos, monos, avestruces, perros y gatos, pájaros sueltos. Otros iban tirados por ellos. Los más vistos eran los de toros aunque también participaban caballos, jabalíes, ovejas fuertes, y hasta alguna vaca con experiencia.

Algunos habitantes iban cantando, otros saludando, otros pintándose la cara o haciendo máscaras con cartones. Muchos hacían sonar diferentes tipos de metales : tapas, cacerolas, fuentes para horno, cucharones, espumaderas y coladores. No faltó quien llevara campanas

o triángulos musicales ni quien viajara en silencio, quizás pensando o quizás no.

Las fantasías de los carros eran de colores muy vistosos y de las más variadas formas y motivos.

Los niños iban muy simples, con el toro sentado solamente y sin ningún adorno. Luna llevaba un pañuelo que brillaba como su vestido. Se lo puso en el cuello al toro, con mucha gracia, y el toro pareció complacido. La prima y Pequeño Mago cortaron unos lunares grandes como medallas y los pintaron, algunos de blanco y otros de negro. Y los pegaron en el frente del carro. La beba Ter. viajaba despierta.

¡Alto !¡Alto !, corrió la voz de un carro a otro y de adelante a atrás.

-¡Alto ! ¡Alto !, exclamó el Mago. Y luego preguntó qué pasaba.

-Un carro de fantasía se aproxima en sentido contrario, explicó alguien.

-Hay suficiente lugar. ¡Qué pase nomás !

Lo traían cuatro caballos, ágiles y hermosos. Arriba cuatro hombres sin camisa giraban desenfrenados arrojando papelitos contra el viento.

-Es un grupo de rock, dijo la prima. Seguramente de los que le tiran los instrumentos al público cuando termina el espectáculo. Con el encantamiento se habrán vuelto más livianos

y por eso tiran papelitos.

-Es la reina de la vendimia, aclaró una señora mientras le acomodaba el pañuelo al toro sentado.

-Disculpe usted, son cuatro hombres, corrigió Primero.

-Es la reina de la vendimia, insistió la señora.

-¿Cuál de ellos ?, preguntó la prima.

-Todos y ninguno. La reina de la vendimia es el nombre de la fantasía.

-Entonces tiran uvas, concluyó el primo.

-No, no, no, son cosas de plantar. Fíjense bien.

¡Yo quiero de zanahorias ! , gritaban unos atajando en el aire. ¡A mí papas y tomates !, pedían otros. ¡A nosotros de todo, como para ensalada ! ¡Aquí zapallos por favor !

Algunas semillas caían directamente en tierra. Eran las de las flores.

Los niños juntaron todo tipo de futuras verduras y las intercambiaron según su gusto.

El toro ni se movió.

Los hombres sin camisa bebían de una gran jarra que pasaban entre ellos y cada tanto compartían con los que se acercaban.

-¿Y qué haremos con las semillas para que no se pierdan ?, preguntó Cazadora.

TRUUUUUUUUUUUNNUNNNNNN, se oyó.

Clap clap clap, aplaudían los habitantes al paso de la motoneta.

-Ataja una cajita de las que tira la que viene en motoneta, sugirió una señora a Cazadora.

-Quizás la cantante del grupo de rock..., insistió la prima un poco distraída.

-¿Ahora cajitas ?, preguntó Luna, muy divertida.

-Sí, cuadradas y pequeñas, de madera y de color marrón, respondió la señora.

-Unos pequeños cubos..., dijo la prima.

-De color marrón..., dijo Primero.

-¡Noticias de la tierra y de la zona próxima al Parque !, exclamaron a dúo.

¡Es Sueña de Tulc ! ¡La conocemos del cuento anterior !

-¡Sí, sí, soy yo !, gritaba De Tulc desde la motoneta tirando cajitas a los participantes.

-¿Cómo está ?, preguntó Primero.

-¡Encantada ! He salido a repartir las noticias. Me cansé de guardarlas en el baúl.

-Dinos una, pidió la prima.

-¡Esta ! Que cada cual se lleva una cajita con semillas y hace su huerta donde se le da la gana.

-No creas que cada cual puede pasar como Perico por su casa a plantar sus semillas donde se le antoje, dijo Pequeño Mago, haciendo gestos como de espantar el viento con las manos.

-Eso era antes, no olvides el encantamiento, le advirtió Primero en voz bajita.

-¡Claro que puedes !, agregó encantada una señora. Hay lugar para todos en las tierras del Parque.

-Vas al revés de la caravana, ¿no eres de aquí ?, preguntó Cazadora a la de la motoneta.

-“No soy de aquí ni soy de allá, no tengo edad ni porvenir, y ser feliz es mi color...” (6)

-Ese es un bonito color..., comentó la prima.

-¡Vivan los colores !, gritó Cazadora.

¡Qué viva el rojo ! ¡Qué viva el azul !, exclamaron unos participantes. ¡Y el verde !

¡Y el amarillo ! ¡Viva el rosado ! ¡Qué viva el lila ! ¡Viva el morado ! ¡El ocre viva !

¡Viva el celeste ! ¡El celeste turquesa ! ¡Qué viva el gris ! ¡Qué viva la amplia gama de

los tostados! ¡Viva el violeta ! ¡Qué viva el blanco ! ¡Bravo por el naranja ! ¡Bravo por el salmón !

¡Alto ! ¡Alto ! se oyó otra vez.

-Seguramente otro carro con una fantasía nueva y distinta para la caravana, supuso Pao.

-¡Alto !, repitió uno de los hombres sin camisa. Algo totalmente inesperado está ocurriendo con las hojas del árbol nuevo. Se han teñido de todos los colores que aquí hemos vivado.

Se soltaron del árbol y vuelan en dirección al estrado grande.

-¿Qué estrado grande ?, preguntó Luna.

-El principal de la fiesta, el que han armado junto al Gran Bot. Hacia allí nos dirigimos los de esta alegre caravana.

17

El terreno donde se había levantado el estrado grande era difícil de transitar : ascendía irregular y con abundantes rocas. Algunos habitantes pudieron pasar con carro. Otros no tuvieron más remedio que dejarlo a la entrada del camino.

“vamos subiendo la cuesta que arriba mi calle se vistió de fiesta” (7),

invitaba un bonito y extenso cartel de tela, pintado a mano, y con alguna lentejuela.

Los árboles y arbustos del lugar estaban encantados y habían inaugurado para esa noche

una iluminación muy particular. Pequeños grupos de luciérnagas titilaban entre sus ramas.

Las hojas escritas del árbol nuevo, teñidas de una variada gama de colores, flameaban como banderines. Los habitantes las habían colgado por todas partes : ramas, faroles, piedras altas, las barandas de los carros y los pilares del estrado grande.

Algunos globsianos estaban cómodos sentados, otros bailando, y no paraba de llegar gente con o sin carro.

Un hombre pegó un salto y quedó de pie junto a un micrófono de los tantos que había sobre el estrado.

-¡Noticia de último momento !, anunció. Según me acaban de informar no se ve agua en el Río Largo. Se ha cubierto con las manzanas encantadas del árbol nuevo, que asombrosamente no se hunden. Quienes gusten servirse unas ya saben donde encontrarlas.

Alguien llegó corriendo y le pasó un comunicado.

-¡Otra noticia de último momento ! Según me acaban de informar las manzanas encantadas del árbol nuevo continúan multiplicándose mientras avanzan. Sería imposible contarlas. Ahora mismo, la corriente frutal, está alcanzando el Río Casi Infinito. Por el momento, no podemos siquiera imaginar cual será su destino.

Los niños salieron rumbo al Río Largo. Estaba hermoso. Rojo y terso como la piel de la manzana. Algunos habitantes habían hecho su lugar junto a la orilla y desde allí seguían el espectáculo.

Pequeño Mago filmaba y Primero continuaba con su escritura. Las manzanas estaban exquisitas. El espectáculo también. Subía el que quería y ofrecía lo que le daba la gana : adivinanzas, bailes, relatos de la familia, declaraciones de amor, números circenses, pensamientos nuevos y pensamientos viejos, títeres, etcétera.

El señor muy callado de la casita gris, el que había inaugurado recientemente su gusto por leer poesía en voz alta, subió y leyó :

“Cuando mordemos

tu redonda inocencia

volvemos

por un instante

a ser

también recién creadas criaturas:

aún tenemos algo de manzana.” (8)

Lo aplaudieron especialmente. Por el bellísimo poema y por el cambio que había tenido.

El, muy emocionado, prometió que volvería con más versos luego de comerse alguna cosa de las tantas que ofrecían por ahí.

-¡Noticia de último momento ! ¡Noticia impresionante de último momento ! anunció nuevamente el hombre junto al micrófono. Ha llegado una carta.

Se hizo un ancho silencio.

El hombre comenzó a leer.

-“Estimados habitantes de la zona Del Parque y zonas próximas : les escribe Peregrino desde el Extremo Natural...”

Los niños corrieron junto al estrado para no perderse detalles puesto que pocas horas antes habían soñado con él.

-“...Ha ocurrido algo muy poco habitual. Esta tarde, al despertarnos de la siesta, nos sentamos a contarnos los sueños. Descubrimos que varios de nosotros habíamos soñado

lo mismo. Soñamos con unos niños, provenientes de esa zona amiga, la de ustedes, la del Parque. Ellos visitaban la casa hospitalaria, desde donde les escribo, me ayudaban a preparar jugo y me entregaban el capítulo de un cuento. El capítulo diez, para ser más preciso. Uno muy bonito, que trataba de muchas cosas, entre las que figuraban las cartas

que los parquinos enviaban al Gran Bot. De esto y algo más se trataban los sueños que tuvimos. Es decir : el sueño que tuvimos. Puesto que fue el mismo para todos los soñantes.

Pero esto no es todo. Más tarde, encontramos junto a la fuente del patio de espera un rollito, atado con cinta verde. Lo abrimos. Para sorpresa general era el mismísimo capítulo diez con el que habíamos soñado. El rollito no tenía remitente y no sabemos quien lo envió. Se despidió con un saludo particular : ‘Hasta todos los momentos de Globs’.”

-Es la que escribe el cuento, dijo la prima. Agregó ‘de Globs’ pero el saludo es el de ella. Estoy segura.

-Nos había advertido que los sueños podían volverse ciertos, comentó Primero. Y retomó su escritura.

El hombre junto al micrófono prosiguió con la lectura :

-“Cuando estén leyendo esta carta nosotros no estaremos aquí. Curiosamente, en la costa extremesa del Río Casi Infinito y a poca distancia de la casa hospitalaria, se ha abierto un camino, nuevo y distinto. Un sendero firme de manzanas que no se hunden nos permite llegar a pie, en elefante o bicicleta, hasta vuestras costas. Estarán pensando que la distancia es muy grande. Y así es. Excepto sobre el sendero frutal, que está encantado de acercarnos. Y hacia allí vamos marchando. Nos vemos en un rato. Los saluda, Peregrino”

¡Clap Clap Clap ! ¡Clap clapclap clapclap ! ¡Clap Clap Clap Clap ! aplaudían los habitantes verdaderamente sorprendidos.

-¿Crees que Peregrino viene con todas sus plantas, Primerillo ?

-Creo que no, respondió el primo, haciéndole morisquetas. Y se dispuso a comer una manzana mientras esperaba a los extremeses.

18

Luna, Pao y Cazadora decidieron ir con el carro y el toro sentado a darles la bienvenida a los extremeses. El sendero de manzanas tocaba la costa del Parque allí donde se habían bañado unas horas antes. Estaba lleno de gente.

Dos grupos de parquinos con tambores se adentraron por el camino de frutas para recibir a los vecinos de modo musical. Cazadora fue con ellos, caracachún ié ié.

Poco después llegaba completa la comitiva. La pequeña extremesa que había arrullado a la beba Ter. corrió a abrazar a Luna.

-También soñé contigo, le dijo. Llevabas este mismo vestido y bailabas muy lindo junto al fogón.

Cazadora y Peregrino conversaban muy animados entre los tambores. Los extremeses habían traído los suyos, de modo que entre ellos y los dos grupos de parquinos se había armado flor de jolgorio.

-Estamos reunidos junto al estrado grande, dijo Pao. Tomó a la pequeña extremesa de la mano e invitó a los amigos a volver a la fiesta. Así fue como llegaron.

El carro del toro abriendo camino y detrás niños, hombres y mujeres de a pie, en bicicleta

o elefante, y un jolgorio de tambores cerrando la fila.

Pequeño Mago se acercó con la cámara de vídeo, Primero con su escritura y la prima con la beba Ter.. Se saludaron con tanta alegría que ni se acordaron de comentar el extraño fenómeno de los sueños compartidos.

El hombre de casi todos los colores que había invitado a los niños a su casa subió al estrado grande. Algunos tambores con él. Y Luna con la pequeña extremesa.

-Hemos venido para estar junto a ustedes esta noche, dijo. Traemos en nuestro nombre, y también en el nombre de los que no vinieron, esto que voy a mostrarles. Sacó un papelito

de su camisa y lo levantó. Es nuestro mensaje para el Gran Bot. Hemos conversado largamente y lo hemos resumido en este pequeño texto, que en este mismo momento colocaré en el gran orificio tragaglobs.

Dicho esto, hizo una pelotita, y en un pase maestro muy aplaudido por los participantes lo embocó en el orificio del Gran Bot a varios metros de distancia.

Pequeño Mago quedó tan fascinado por el pase que comenzó a enfocar para cualquier parte mientras aplaudía como podía con la otra mano. Hasta que dio con Luna.

Ella lo miraba dulcemente desde el estrado grande, de la mano de la pequeña extremesa.

El Mago se rió y comenzó a cantar :

“La luna me está mirando / yo no sé lo que me ve / yo tengo la ropa limpia /

ayer tarde la lavé / ayer tarde la lavé / Luuuna...” (9)

Luna largó la risa y saltaron chispas de la varita.

-¡Abracadabrás !, exclamó Pequeño Mago, muy asombrado de que el orden mágico hubiera cambiado de pronto.

-¡Juajuajuá !, rió la prima. Maguito, permíteme decirte que eres el mago más gracioso que conozco. Y le dio un abrazo.

-Graciás..., dijo él, aún desconcertado.

-¡Vengan !, llamó Cazadora junto al Gran Bot. Y allá se fueron.

El Mago y Pao daban vueltas alrededor del Gran Bot, tratando de ubicar de donde salía el humito.

-¿Qué has hecho ?, le preguntó Pao.

-No lo sé. Creo que es un cortocircuito. Deberíamos llamar a alguien para que lo arregle.

Un globsiano entendido en máquinas se acercó y revisó el aparato. Apretó el botón ‘Solución de Problemas’ y el humito dejó de salir.

tratrarrcatrarr, se oyó. Y otra vez. Y otra vez. Y otra vez, hasta que por una rendija de la máquina comenzó a salir una cinta de papel, larga, larga, larga, con la copia de todos los mensajes. Pao cortó la primera parte puesto que lo que seguía era lo mismo repetido.

Se lo dio a Primero, Primero tomó nota y se lo pasó a Cazadora, Cazadora a Peregrino, Peregrino a la pequeña extremesa, ella a Luna, Luna a la prima y la prima a Pequeño Mago que se le entregó al globsiano entendido en máquinas.

La cinta no paraba de salir y los participantes la acomodaban como podían.

La pasaban sobre los árboles, de farol a farol, de una esquina a la otra, entre los pilares que sostenían el extenso cartel pintado a mano, y así la iban desplegando.

El globsiano entendido en máquinas dio el asunto por solucionado y se dispuso a llevar la primera parte de la cinta al encargado del Gran Bot.

El encargado la tomó y salió rumbo a la oficina.

Los niños partieron hacia el Río Largo, desde donde llamaban los tambores.

19

Volvieron junto al estrado grande cuando el señor muy callado de la casita gris anunció que leería más versos.

-“Yo quiero...” ,comenzó.

Un aplauso cerrado le impidió continuar. ¡Bravo Bravo ! ¡Yo también quiero !

¡Nosotros también ! ¡Clap Clap Clap !

Se acercaron los tambores. Parquinos, extremeses, y demás, bailaban muy entusiasmados

a su son. La señora del collar azul, luego de estudiar atentamente el andar de las manzanas por el Río Largo, decidió salir a repartir. Cargó dos bolsas bellísimas, totalmente transparentes, y se metió entre la gente tarareando una canción que le traía recuerdos.

Cuando los habitantes se cansaron de aplaudir, el señor muy callado retomó el poema :

“Yo quiero

una abundancia

total, la multiplicación

de tu familia,

quiero

una ciudad,

una república,

un río Mississipi

de manzanas,

y en sus orillas

quiero ver

a toda

la población

del mundo

unida, reunida,

en el acto más simple de la tierra:

mordiendo una manzana.” (8)

¡Buenísimo ! ¡Buenísimo ! ¡Clap y Clap y más Clap ! ¡Bravo ! ¡Clap ! aplaudían los habitantes al señor muy callado de la casita gris, al poema, al poeta, a la señora del collar azul, al Río Largo y particularmente a una manzana que alguien arrojó al escenario especialmente para el recitador. El la tomó, y con ella saludó a los habitantes.

-¿Qué crees que es Mississipi, Primero ?, preguntó la prima.

-Creo que el nombre de un río, respondió él.

-Seguramente. Un nombre de fantasía, como ‘Largo’ o ‘Casi Infinito’..., continuó ella.

-Como el tuyo.

-Pero yo no soy un río, aclaró la prima.

-No, dijo Primero, invitándola a acercarse al estrado.

Y allá se fueron. Encontraron a sus amigos conversando animadamente con la reina de la vendimia. Es decir : con los cuatro hombres de los caballos y la mujer de la motoneta, que le contaba cosas graciosas a la beba Ter..

-Mjjnñií, saludó la pequeñísima.

-Mjjnñií, le respondió Primero, mientras anotaba.

Subieron todos al escenario. La prima se quitó unas cáscaras de manzana que habían quedado en su bonito vestido rosado del siglo pasado, tomó a la beba Ter. envuelta en su suave paño, también rosado, se acercó a un micrófono y comenzó a cantar :

“Gloria a dios en las alturas / recogieron las basuras / de mi calle ayer a oscuras /

y hoy sembrada de bombillas...”

-Luciérnagas. Bombillas hoy son luciérnagas, comentó el primo. Y se sumó al canto :

“...y colgaron de un cordel / de esquina a esquina un cartel / y banderas de papel /

verdes rojas y amarillas...”

¡Y celestes ! ¡Y blancas ! ¡Y grises ! ¡Y violetas !. Y así, mientras sugerían otros colores, se fueron sumando Pequeño Mago, Cazadora, los hombres de los caballos, Luna, Pao, Sueña de Tulc, Francisco, el maestro nuevo, Peregrino, la señora del collar azul, la pequeña extremesa y su papá, el señor tan callado de la casita gris, la doctora extremesa vestida de blanco, el conejo Tambor y las blancas ardillas.

“...y al darles el sol la espalda / revolotean las faldas / bajo un manto de guirnaldas /

para que el cielo lo vea...”

-¡Qué lo vea !¡Qué lo vea !, exclamaba junto al Río Largo, el abuelo de la fuente de porcelana, señalando el cielo.

Los del coro miraron el cielo cubierto de estrellas y muy emocionados le dedicaron al abuelo una parte de la canción. En ese momento, el encargado del Gran Bot subía con la primera parte de la cinta de mensajes más una carta en sobre azul, que enviaban desde la oficina. Se detuvo junto al micrófono y se sumó a los cantores, mientras abría el sobre.

A la prima le hicieron cric cric los dedos de las manos como cuando se aproximaba la tormenta. Volvió a mirar el cielo y la descartó por completo.

“... Apurad

que allí os espero si queréis venir...”

entonaba el coro, apasionadamente, junto a un jolgorio general de habitantes que bailaban abrazados en torno al escenario.

“...llega la noche y ya se van...”

(7 )

Y la noche llegó. Súbitamente. La noche total, ocurísima, -porque de noche ya era- .

El cielo se cubrió completamente de una espesura mayor, más intensa que ninguna otra que hubiera opacado el cielo de Globs.

¡Ay !, dijo alguien, estremecido.

Un viento fortísimo comenzó a silbar y recorrió bruscamente el territorio. Se apagaron las luciérnagas.

Los habitantes no distinguían ni sus pies entre tanta oscuridad. Gritaban y corrían, aterrorizados, para cualquier parte, chocando unos contra otras, saltando entre las rocas.

¡Ayyy ! ¡Socorro !, gritaban unos. ¿Queeé pasa ? ¿Queé es esto ?, preguntaban otros con tono desesperado. Y continuaban corriendo, sin saber adonde, espantados por tanta oscuridad, repentina e inexplicable, completamente perdidos.

-¡Primero !, gritó la prima, convencida de que el primo estaba cerca. ¡No te asustes ! Son los pájaros amigos de Francisco. Se cansaron de ser tan pequeñitos y con el encantamiento se volvieron inmensos. Son sólo gorriones. Venían en bandada por el cielo de Globs a sumarse al festejo pero...

-Pero se ha roto el encantamiento, respondió Primero. Lo veo clarito porque me puse la gorra mágica. Tú, por ejemplo, estás sentada sobre una roca, quitándote tierra del vestido. La quitas con muchas ganas.

-¿Y eso cómo lo sabes ? ¿Se ven mis ganas a través de la gorra ?

-No. Es que estoy sentado unas rocas más abajo y me está cayendo encima.

-Juajuajuá, rió la prima. Perdóname, Primero, por favor. ¿Dónde están los demás ?

-Se dirigen hacia un rincón brillante, a la entrada del camino. Es, es, es... ¡el vestido de Luna ! ¡Vamos !, dijo el primo.

-¡Vamos !, dijo la prima.

Y allá se fueron.

20

Primero, la prima y la beba Ter., orientados por la gorra mágica, emprendieron la marcha hacia el rincón luminoso donde esperaban sus compañeros. El encantamiento se había roto

y todo se veía como antes. Los pájaros habían vuelto al tamaño habitual de pajaritos y el cielo se había despejado, luciendo nuevamente sus estrellas.

-No me parece que los pájaros hayan roto el encantamiento, dijo Pao.

-Por supuesto, continuó Pequeño Mago. Además, no eran peligrosos. Sólo eran grandes.

-Grandísimos, dijo la prima. Y el miedo de los habitantes los vio más grandes todavía.

-El miedo los volvió inmensos, dijo Luna, un poco triste.

-Y los vio peligrosos, agregó Primero, rascándose la cabeza.

-¡Listo !, dijo Pao. ¡El miedo rompió el encantamiento !

Y así había sido. Algunos habitantes se habían asustado directamente y otros por contagio. Un miedo tan grande rompe cualquier encantamiento.

Los niños aguardaron el amanecer. Apenas asomó el sol, comenzaron a caminar. Estaban tan lejos de la zona Del Parque próxima al centro que decidieron esperar algún vehículo que los acercara.

-Ahí viene una unidad de transporte colectivo, dijo el Mago. Y le hizo señas.

La unidad se detuvo junto a ellos. Los niños subieron, uno atrás del otro.

-Son 5 globs, sin contar al bebé, dijo el conductor.

-No le entiendo, dijo Pao.

-El viaje en esta unidad se lo cambio por un globs a cada uno, jovencito. Como siempre.

-Es que..., no tenemos.

-Entonces no se los puedo cambiar y tienen que descender.

-¡Pero estamos lejísimos !, se quejó la prima.

-De veras lo lamento, dijo el conductor, deteniendo la unidad para que bajaran los niños.

Primero continuaba con su escritura.

-Usted también, le dijo el conductor.

-...sted también, terminó de anotar el primo. Es que soy el encargado de escribir...

-De escribir el resumen de un trabajo para la escuela acerca de las unidades de transporte colectivo, se apuró a decir la prima. Y él, agregó, mirando a Pequeño Mago, es el encargado de filmar. Por eso lleva la cámara.

-Ni lo digas, no la tengo, la he perdido en la corrida, dijo el Mago haciendo gestos como de espantar el viento con las manos.

-¿Qué corrida ?, preguntó el conductor.

-La del desencantamiento, respondió Pao.

-¿El queeeé ?

-No tiene importancia, agregó el Mago, al darse cuenta de que el conductor no recordaba nada.

Nosotros somos unos niños que corrimos para alcanzar la unidad de transporte colectivo.

En el camino he extraviado la cámara, pero de todos modos debemos continuar con el trabajo. Por eso mi amigo escribe.

-...scribe, terminó de anotar Primero. Y saludó al conductor. Buenos días, le dijo.

Usted, por ejemplo, ¿podría respondernos unas preguntillas ?

-¡Pero cómo no ! Tomen asiento y pregunten nomás.

Los niños se ubicaron en la unidad dispuestos a entrevistarlo. Preguntaron dos o tres cosas

y se quedaron dormidos. El vehículo continuó la marcha atravesando bonitos paisajes, iluminados por el sol de la mañana. Aún desencantado, Globs era un lugar muy bello.

Los despertaron las bocinas de las calles del centro.

-¡Llegamos !, avisó Pao.

Agradecieron al conductor y descendieron en una de las plazas.

-Mjnñiíjjjjjjj, dijo la beba Ter. con tono de querer la mamadera. La prima la sacó de la mochila y vio que estaba vacía.

-Tenemos que apurarnos, dijo. Ter. no tiene desayuno.

-¿Qué hacemos ?, preguntó Pao, muy preocupado por la beba.

-Nos tenemos que ir, dijo el Mago, molesto por haber perdido la cámara.

-Todo está como antes, comentó Luna, un poco triste. ¿Nadie recordará el encantamiento ?

-Parece que no, le respondió la prima. ¡Apúrate Primero ! Ponle al cuento la palabra ‘fin’

y volvemos a casa.

“FI...” , anotó Primero y un grito lo interrumpió.

-¡Priiiiiiimooooooos !, gritaba Cazadora desde el carro colorido. Se aproximaba a toda velocidad revoleando en el aire la cámara de vídeo. ¡Mago ! ¡Encontré la cámara !

Primero se sorprendió muchísimo al ver que Cazadora continuaba encantada. Tanto se sorprendió que se distrajo. Se dispuso a terminar lo que estaba haciendo para salir a buscarla junto a los amigos.

“...N” , anotó.

Completó la palabra...

Y salieron del cuento.

21

-¡Ah no, Primero ! protestó la prima. Debiste esperar a Cazadora. Nos traía la cámara de vídeo y nos iba a contar cómo había hecho para no desencantarse.

-Es cierto, dijo el primo, mientras acomodaba las hojas sobre la mesa de piedra.

Habían pasado largo rato sentados en los almohadones de colores pintados en el suelo. Llenaron las tazas con chocolate mientras se disponían a comentar el cuento.

¡Riiinnn !, sonó el timbre.

El Peque fue a abrir la puerta con la beba Ter. en brazos.

Volvió con ella. -Buscan a la beba Ter., dijo.

-¿Quién la busca ?

-Su madre y su padre.

-¡Debes dársela, Peque ! ¡Son sus padres !

El Peque se rió y explicó que la había traído nuevamente por si querían despedirla.

¡Claro que querían ! La saludaron como correspondía : muchos besos y varios mjnñiís.

Brindaron con chocolate, por el cuento y porque sí, y decidieron ponerle nombre.

Se les ocurrieron muchos. No era fácil elegir.

Primero propuso tomar una hoja al azar y señalar con los ojos cerrados una palabra.

Cayera donde cayera el dedo, la palabra señalada sería título del cuento.

Dicho esto, tomó una hoja y señaló :

-La palabra es... ‘que’, dijo el primo.

-No me gusta para título, comentó Lulia.

-Hazlo otra vez, pidió la prima.

Primero acomodó las hojas y volvió a intentar :

-La palabra es ‘cantaba’, dijo.

-Una vez más, insistió la prima.

-Ahora es... ‘dijo’, dijo el primo.

-A ver..., a ver..., si juntamos las tres queda ‘dijo que cantaba’, observó el Peque, que se estaba entusiasmando con el juego. Continúa, Primero.

-Ahora es... ‘la’.

-A ver.., a ver... ‘la dijo que cantaba’. Falta algo. Continúa.

Primero se había entusiasmado, volvió a tomar una hoja y señaló otra palabra.

-‘filmaba’. No me gusta, buscaré otra. Encontró ‘de’ ‘en’ ‘elefante’ ‘amigos’ ‘Mago’ ‘hombre’ ‘sacarla’ ‘respondió’ ‘mientras’, y ya se estaba cansando.

-Déjame a mí, pidió Lulia. Y repitió el procedimiento. Encontró unas cuantas que no le gustaron y le pasó las hojas a la prima.

La prima descartó cuatro y le pasó las hojas al Peque.

-‘iluminación’, propuso el Peque. Pero le dijeron que no. Volvió a intentar.

-¿ ‘ardillas’ ?

-¡Tampoco !

-Probó una más. No le gustó y le pasó las hojas a Primero. El primo estaba bastante aburrido pero de todos modos volvió a intentar.

-‘manchas’, dijo. No me gusta para nombre de cuento.

¡Riiinnnn !, sonó el timbre.

-¿Quién es ?

-La vecina.

-¡Eso ! ¡Deja ‘vecina’ !, exclamó el Peque.

Entonces, mientras escribían el título del cuento : “La vecina dijo que cantaba”,

entre risas y chan chan chan, la prima fue a abrir la puerta.

-Han estado muy ocupados, dijo la vecina.

-¿Cómo lo sabes ?

-Porque una niña les golpeó la puerta y no le abrieron.

-No la oímos, si no le hubiéramos respondido.

La vecina se rió.

-Quizás ella tampoco los hubiera oído. Traía puestos unos auriculares y decía caracachún

ié íe ié. Les dejó esta cartita.

-Juajuajuá, rió la prima. Muchas gracias, dijo, y volvió con sus amigos.

-¡Estuvo Cata ! Nos dejó esta cartita : “Si supieran lo que estamos preparando para la tarde vendrían de lo más contentos. Es divertido. Es al aire libre. Es con música.

Hasta luego, Cata.”

-Divertido... Divertido, al aire libre y con música... Divertido, al aire libre y con música..., repetía la prima.

-¡Un baile callejero !, dijo el Peque. ¡Buenísimo ! ¡Allá vamos !

Pero tenían que pedir permiso y algunas cosas que hacer, de modo que decidieron ir hasta lo de Cata para confirmar que aceptaban la invitación y para mostrarle el cuento. Hicieron un rollito y lo ataron con una cinta verde.

-Trae la colección de tapas y algunos globos, Primero, propuso la prima. El volvió a entrar

y salió con varias tapas de olla de distintas formas y tamaños, y unos cuantos globos de colores para animar el baile.

-¿Se van de cumpleaños ?, preguntó la vecina.

-No, no, no, estamos aprontando un baile callejero para más tarde, respondió Pato.

Y allá se fueron. Haciendo bochinche con las tapas más algún chan chan chan de corneta

y entonando esta bonita canción :

“...Se va se va la murga

Aunque ya nunca

Pueda decir adiós

Y a la gentil barriada

Va dedicada

Nuestra humilde canción...”

“...Era una retirada

Que al despedirse

Quiere regresar...”(10)

UN

DO’

¡TRE’ !

CITAS

(1) Rúben Rada _Si te gusta comer manzanas_

(2) Horacio Buscaglia & Eduardo Mateo _Príncipe azul_

(3) León Felipe _Sé todos los cuentos_

(4) Alfredo Zitarrosa _Romance del negro milonguero_

(5) Agustín Lara _Solamente una vez._

(6) Facundo Cabral _No soy de aquí ni soy de allá_

(7) Joan Manuel Serrat _Fiesta_

(8) Pablo Neruda _Oda a la manzana_

(9) Simón Díaz _Tonada de luna llena_

(10) Jaime Roos _Retirada_

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